LA CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA DE CUBA ESTÁ SIENDO VIOLADA EN VARIOS DE SUS ARTÍCULOS Y EN SU ESPÍRITU MISMO “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”. La están violando las mismas instituciones que tienen como función hacerla cumplir.
Es mi proposito con este blog compartir asombros y huellas, rendir tributo al encuentro, al amor, y a la obra siempre inconclusa del pensamiento desde la diversidad de ideas y culturas.
Saturday, December 5, 2020
LA CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA DE CUBA APROBADA EN REFERENDUM POR EL PUEBLO DE CUBA ESTÁ SIENDO VIOLADA POR QUIENES LA DEBEN HACER CUMPLIR: EMPECEMOS POR AHÍ
Thursday, December 3, 2020
DIARIO DE CUBA publica la transcripción del diálogo de 32 artistas y periodistas independientes en el Ministerio de Cultura, el pasado 27 de noviembre, según las notas tomadas por Mauricio Mendoza.
He copiado aquí sólo un fragmento, Para leer la transcripción completa pincha el link y puedes tener acceso a la publicación original en DIARIO DE CUBA.

Michel Matos, en representación del Movimiento San Isidro (MSI): La Seguridad del Estado se ha adueñado del país, nos tratan de manera militar y somos civiles, hemos sido maltratados por ellos, arrestados, reprimidos, golpeados, citados, nos han puesto en prisión domiciliar, nos quitan la conexión a internet y todo sin un documento legal. Esto no es aceptable. Es inadmisible lo que está sucediendo. La huelga de hambre iniciada por algunos de los miembros del MSI ha sido un resultado de la desesperación. Estamos totalmente indefensos y nos hemos visto completamente solos.
Ustedes deben ser los que hablen con nosotros, no la Seguridad del Estado.
A Denis Solís se le han violado todos sus derechos. Anamely Ramos fue a la estación policial a preguntar por Denis Solís, a hacer un trámite completamente legal, y la arrestaron. ¿Cómo es posible que sucedan estas cosas? Y todos hemos estado sufriendo este tipo de cosas. ¿En qué país estamos viviendo? ¿En qué nos estamos convirtiendo? Todos somos cubanos, aunque estemos en desacuerdo.
Cuba tiene una larga tradición de disidencia. Un país no puede dirigirse como se dirige un campamento, y esto es lo que estamos viendo. Estamos desesperados. Los propios medios oficiales están manipulando la realidad, están haciendo un show.
Estamos en un punto de exigir las libertades elementales que todos deberíamos tener. Se está exacerbando la censura a la individualidad. Exigimos respeto a nuestra individualidad. No somos mercenarios, ni terroristas ni delincuentes, somos cubanos. Sentimos la necesidad de participar de nuestra nación.
Hace dos años que esperamos respuesta del Ministerio de Cultura por el debate y oposición que generó el Decreto 349. No nos están respetando, no nos están escuchando. No somos delincuentes, somos creadores. Si cree que nosotros nos estamos divirtiendo y que esto es un show, está equivocado. Esto no es un show.....
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Wednesday, December 2, 2020
Los líderes de San Isidro y lo que ellos llaman "el Pacto del Zanjón" por Olga L. Miranda
por Olga L. Miranda
Los lideres San Isidro y los 30 negociadores del ministerio del Cultura Lo que piensa Omara Ruiz(video en youtube)
El Movimiento de San Isidro y los negociadores del Ministerio de Cultura . Lo que piensa Esteban Rodriguez (video en youtube)
Estos dos videos publicados en youtube hace tres días demuestran que el movimiento de San Isidro y el grupo que fue a negociar con los burócratas del Ministerio de Cultura son grupos muy distintos y no estaban conectados anteriormente. Hay cuatro cosas importantes que no encajan bien en toda esta nueva épica contestataria y que no se deben obviar.
Primero, los segundos, es decir "los 30", ni siquiera conocían bien a los primeros, o sea a los muchachos de San Isidro. Es obvio que representan a generaciones un poco diferentes y distantes, entre las que no existe una historia de cooperación o proyectos comunes.
Segundo, los 30 negociadores no representan la diversidad social de los primeros. Los jóvenes de San Isidro son jóvenes de procedencia humilde y no son artistas la mayoría, mas bien proceden de sectores sociales diversos, desde amas de casa, periodistas independientes, obreros, científicos, etc.. Es un grupo mucho más heterogéneo y plural. Es obvio, y ellos mismos asi se identifican y auto reconocen, que son parte del cubano trabajador y pobre. Los 30 representan un sector social más alto, más bien de intelectuales, que han estado cerca de los grupos de poder y han gozado por ello de algunos privilegios como viajes y recursos para crear y producir sus trabajos y más libertad para expresarse.
Tercero, los segundos, es decir los negociadores no llevaron a la mesa de conversación las reales demandas de los jóvenes de San Isidro, las cuales eran de carácter más amplio y de proyección hacia los intereses de todo el pueblo y no sólo de los artistas. Esto ha creado un enojo en ellos y un rechazo a reconocer estas negociaciones de los 30 como un respaldo a sus luchas y a su movimiento de carácter cívico y no exclusivamente de defensa de los artistas. Por ello han llamado a estas negociaciones de los 30 "el nuevo Pacto del Zanjón".
Cuarto, los líderes de San Isidro no se identifican ideológicamente con "los 30", los llaman elitistas, arribistas y traidores porque no contaron con ellos, no los representaron realmente y llevaron, a esa negociación insolicitada, demandas para beneficio de los artistas y no demandas mas amplias y generales por las que el MSI llevaba luchando y sufriendo acoso y persecución desde el 2018.
La conclusion de todo esto es que las opiniones ante los hechos del 27 de noviembre y sobre la manera de enfrentar al gobierno están divididas.
Por un lado, prevalece la actitud radical de que: "¡sin el Movimiento de San Isidro NO HAY DIÁLOGO!!" Comentarios al video de Omara como estos son frecuentes: "Grande Omara! yo no estoy de acuerdo con el cineasta Fernando Perez Valdes y el actor Jorge Perugorria, todo eso me pareció una traición al movimiento San Isidro... no tenían que entrar a negociar, con la tiranía no se negocia".
Por otro lado, están los que consideran que los 30 negociadores hicieron acto un heroico sin precedentes, pues ellos lograron sentar a los dirigentes de la cultura a escuchar sus exigencias y hacer algunas promesas . Pero todo parece como que ellos se robaron el show que en realidad no les pertenecía. Debían haber respetado que había personas que estaban imposibilitadas de estar allí y que eran los reales iniciadores de un movimiento cívico de lucha por los derechos de los cubanos a libertades esenciales.
Entonces, ¿qué va a pasar si estos dos grupos, de cubanos inconformes y potenciales agentes de cambios, no se ponen de acuerdo? Divide y vencerás es la más antigua y efectiva estrategia de las dictaduras y del poder en general. ¡Ojalá que llueva café en el campo! como dice Juan Luis Guerra, y que todos se sienten a tomar una tacita juntos y a pensar en la mejor manera de unir esfuerzos e intereses. De otra forma, todo esta historia será nada más que otro espejismo de la evolución que Cuba necesita. Un nuevo paso en la construcción de la distopía de la nación cubana.
UNA MANIFESTACIÓN EN LA HABANA. EL ESTORNUDO. (NOVIEMBRE 29, 2020)
https://revistaelestornudo.com/algunos-retratos-ciudadanos-manifestacion-habana-fotos/
Nada indica que el Estado cubano —el país, en definitiva— sea hoy más democrático que hace una semana o que hace un año. De hecho, el 2020 ha dejado un saldo represivo que está a la vista de todos, mientras que las últimas horas han confirmado el talante autoritario de la institucionalidad y el maniqueísmo grosero de los discursos que esta bombea, pródigamente, a través de los medios oficiales, hacia una población custodiada estrechamente por un muro de consignas y hastío.

No obstante, puede que algo haya comenzado a cambiar después de todo. Puede que algo haya nacido este viernes. Se haya sembrado un precedente. Algo que compete a la ciudadanía, a la sociedad civil genuina y de ninguna manera al Estado omnímodo que mira, secretamente horrorizado, esa manifestación de algunos cientos de jóvenes ante el Ministerio de Cultura como a una cabeza de Hidra que pudiera empezar a multiplicarse a medida que se le dan machetazos…
Con razón, quienes allí se reunieron parecen haber sentido que asistían a un momento luminoso (aunque les cortaron la luz un buen rato), y que ellos mismos eran, en efecto, esa luz… Y así se fueron luego a dormir atravesando la madrugada.

Pero antes hubo un jueves negro. Fuerzas de la policía política utilizaron una excusa irrisoria (supuesta violación del protocolo de COVID-19) para desalojar violentamente —bajo el manto de un apagón provocado de las redes sociales— la sede del Movimiento San Isidro (MSI), donde varias personas se mantenían desde el 18 de noviembre en huelga de hambre.
Los huelguistas —cinco en el momento del allanamiento, incluidos el artista Luis Manuel Otero Alcántara y el rapero Maykel Osorbo, quienes también se habrían abstenido de beber agua durante una semana— y sus acompañantes, fueron detenidos y no se supo nada de ellos hasta transcurridas varias horas. Para describir ese hecho tenemos a mano varios sintagmas: detención arbitraria, secuestro o abducción express, violencia de Estado…

«Entre el momento en que rompieron la puerta de Damas 955 a patadas y entraron como una manada díscola, y el momento en que me bajaron del camión-celda y me despedí con abrazos de los que todavía quedaban dentro, se selló finalmente la hermandad de un lapso excepcional. Había santeros, cristianos, musulmanes, budistas, adolescentes, yo. Nos estábamos riendo detrás de la reja, y le decíamos al policía que el reo era él. Denis Solís sigue preso, no puede quedarse solo», escribió tras su liberación Carlos Manuel Álvarez, director de El Estornudo, quien llevaba dos días en la casa de Damas 955.

Esa noche de jueves es el disparador de lo que habría de ocurrir este 27 de noviembre. Los retratos de la fotógrafa Evelyn Sosa perfilan esa tarde en que decenas de jóvenes artistas e intelectuales se congregaban ante las puertas del Ministerio de Cultura en La Habana. Con el curso de las horas llegarán muchos más. Luego, incluso, llegarán artistas reconocidos de otras generaciones que apoyarán igualmente la protesta y la demanda de interlocución con el Ministerio…
En la noche, una representación de 32 personas elegidas por los manifestantes ingresará al edificio para dialogar con las autoridades (no con el ministro, como era la exigencia original) y, tras varias horas de debate, saldrán con una lista de acuerdos que para algunos ahora resultan esperanzadores.

Sin embargo, algunas de las voces más radicales de la oposición y el activismo en la isla señalan ese diálogo como otra concesión al poder, que a todas luces maniobró para sacar presión y para aplazar el cumplimiento de las demandas más urgentes (la liberación del rapero contestatario Denis Solís y también del artista Luis Manuel Otero Alcántara), inspiradas por la huelga de hambre en la sede del Movimiento San Isidro.

A la espera de próximas reuniones, esos acuerdos fueron: 1) abrir un canal de diálogo entre las instituciones y los artistas; 2) los funcionarios se interesarían con urgencia por las situaciones de Denis Solís y Luis Manuel Otero Alcántara; 3) el desarrollo de agenda de trabajo múltiple con todos los artistas; 4) revisión de una declaración de la Asociación Hermanos Saíz (AHS); «tregua» con los «espacios independientes» que reúnen a los artistas;) 5) el ministro de Cultura se reunirá con los representantes de la protesta el jueves o viernes de la semana próxima; 6) garantías de que no habría consecuencias para los manifestantes.
Manifestación de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura en La Habana (27-11-2020) / Foto: Evelyn Sosa
Manifestación de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura en La Habana (27-11-2020) / Foto: Evelyn Sosa
Manifestación de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura en La Habana (27-11-2020) / Foto: Evelyn Sosa
Manifestación de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura en La Habana (27-11-2020) / Foto: Evelyn Sosa
Manifestación de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura en La Habana (27-11-2020) / Foto: Evelyn Sosa
Manifestación de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura en La Habana (27-11-2020) / Foto: Evelyn Sosa
Manifestación de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura en La Habana (27-11-2020) / Foto: Evelyn Sosa
Manifestación de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura en La Habana (27-11-2020) / Foto: Evelyn Sosa
Manifestación de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura en La Habana (27-11-2020) / Foto: Evelyn Sosa
EL DESENCANTO JUVENIL DE LA CUBA ACTUAL. por CARLOS RESTREPO. EL TIEMPO (8 de junio 2019)
EL DESENCANTO JUVENIL DE LA CUBA ACTUAL
El Desencanto juvenil de la Cuba actual
“No paso un mes en un lugar sin tenerme que ir a otro sitio”. Así define su vida nómada el escritor Carlos Manuel Álvarez (Matanzas, 1989), una de las jóvenes y aplaudidas voces cubanas de la literatura que despuntan con vigor en el panorama regional.
Su primera novela, Los caídos, publicada por la editorial mexicana Sexto Piso, contiene, como una gota de aceite, en tan solo 130 páginas, el drama que padece una familia cubana contemporánea, que es, en últimas, espejo de toda una sociedad.
Aunque se formó como periodista en la Universidad de La Habana, Álvarez siempre tuvo claro, como la mayoría de sus compañeros de generación, que debía pasar rápido por el dolor del desprendimiento familiar para forjarse un futuro. “El susto, yo creo que es inevitable. Lo que pasa es que ese susto está naturalizado y se sabe que hay que pasar por él”.
Lo dice al aludir a la necesidad de huir de este territorio caribeño rodeado de agua, dominado por un régimen caduco, en pleno siglo XXI. Por eso, el autor anota que la idea de partir, en el imaginario de su generación, es algo que no se cuestiona.
“La idea de que hay que irse parece ser anterior a nosotros. No es algo que uno tenga que experimentar o decepcionarse. La decepción es anterior. La decepción viene de mirar lo que pasa con tus padres y lo que ha pasado anteriormente”, anota.
A esa idea, que pareciera ser una especie de chip insertado en la mente con el que nacen los jóvenes cubanos, se une –como dice el autor– un “canto” ensordecedor con el que se crece. “Hay todo el tiempo, al menos de puertas para adentro, en el cubano adulto, una suerte de queja, como un ruido de fondo, en el que todo el mundo está quejándose de forma permanente. Yo crecí con esa música de fondo”.
La idea de que hay que irse parece ser anterior a nosotros. La decepción es anterior. La decepción viene de mirar lo que pasa con tus padres y lo que ha pasado anteriormente.
“Esperar a decepcionarte es en nuestras cabezas una pérdida de tiempo. Es regalar años porque se sabe que lo que vamos a encontrar al final es decepción. Entonces, antes de que nos pase, ya estamos prácticamente escépticos y ya sabemos que hay que salir lo antes posible. Incluso para rescatar a nuestros padres y a los que están dentro. No hay otra manera de pertenecer que huyendo”, dispara el autor como una flecha que da en el blanco.
En su faceta periodística, Álvarez ha publicado artículos en medios como The New York Times, The Washington Post, BBC World y Letras Libres. Además, fue escogido en el listado de Bogotá 39, revelado durante la edición del Hay Festival del año 2017, de los 39 mejores autores de la región menores de 40 años.
Con una voz sólida y contenida, los capítulos de Los caídos, que se suceden siempre con la misma estructura (El hijo, El padre, La madre, La hija), van pintando la psicología y el entorno físico de los protagonistas.
“Ella revolcó el huevo en el arroz. Rompió la yema, vi la yema esparcida. Mi hija paleando con la cuchara toda esa mezcla, ágil y satisfecha. Picó en rebanadas el plátano. Observé con atención su pozuelo y me sorprendí. Yo sabía que su almuerzo no iba a ser otro, pero no esperaba verla comiendo arroz con huevo y plátano maduro, como si hubiese albergado la esperanza de que en el trayecto algún prestidigitador hubiera trocado los alimentos del pozuelo. El plátano troceado, apenas mordisqueado para ahorrarlo. Mi hija estaba aprendiendo a dominar el arte de la escasez”, dice en algún momento La madre.
En el libro está muy presente ese rasguñar diario de una sociedad. ¿Cierto?
Totalmente. El ejercicio de supervivencia, el ejercicio de la pobreza como la principal degeneración de la complejidad del individuo. Yo creo que la pobreza es el gran flagelo. O sea, no hay ningún tipo de prosperidad individual en medio de la pobreza. Y esa es, por otra parte, la gran demagogia y la gran mentira de un sistema como el cubano. No puedes crear ningún tipo de equidad social ni de bienestar si no creas una base material próspera para eso.
¿Cuál es la génesis del libro?
El libro tiene en un sentido una carga autobiográfica más o menos importante. Lo que pasa con eso, y que a mí me interesa en el ejercicio de la ficción, es cómo ese tinte autobiográfico, a medida que uno va avanzando en la escritura, se va desdibujando.
Que es la magia de la literatura…
Exacto. Hay un ejercicio ahí que es un juego de espejos que es un poco contradictorio. Porque uno arranca con ideas muy precisas de a quiénes responden estos personajes, pero a medida que ellos van cobrando cuerpo se van desprendiendo de donde vienen. Por ejemplo, el personaje del hijo, que viene siendo un poco mi alter ego cuando yo presté el servicio militar, a medida que lo empiezo a delinear, ese personaje se va alejando completamente de mí.
Pero ¿usted venía pensando en esta historia familiar?
En realidad no era algo que fuera tan pensado. Yo venía de terminar La tribu, que es mi libro de crónicas periodísticas, que era un ejercicio de escucha, de estar muy pendiente de los hechos y el lenguaje que te imponen estos, de la voz de todos estos personajes; y Los caídos es entonces una respuesta introspectiva a todo eso. Un ejercicio de escucharse, de voltear el oído hacia otro lugar, como una especie de pieza de estas que socava hacia adentro buscando petróleo.
¿Y qué temas aborda en' La Tribu. Retratos de Cuba'?
Es como un fresco de personajes cubanos de los últimos años, en el que intento crear una especie de moral del fin del castrismo. ¿Qué era Cuba cuando se murió Fidel Castro, cuando se abrieron las relaciones diplomáticas con Estados Unidos? Ahí hay personajes de todo tipo. Desde beisbolistas hasta poetas censurados o inmigrantes que cruzan Centroamérica, balseros, artistas, músicos.
No hay ningún tipo de prosperidad individual en medio de la pobreza. Y esa es, por otra parte, la gran demagogia y la gran mentira de un sistema como el cubano.
Volvamos a la novela y hablemos de la estructura. Uno como lector, la siente un poco teatral…
Hay una tendencia un poco cartesiana en mí en seguir cierto orden. De ahí la estructura tan pareja, como muy cerrada. Pero también hay una cierta marca dramatúrgica en la propia estructura de la novela y en la propia entrada y salida de los personajes. De cómo a veces ocupan el foco o en otras son un poco más secundarios, dependiendo del punto de vista de donde se está contando la historia. Y sí me interesaba una estructura que fuera ordenada, que en principio no planteara mayores contratiempos, pero luego, en el interior de ese marco, entrecruzar las voces y las escenas, que creo que es algo que se logró. Por ejemplo, una misma escena se cuenta desde realidades distintas.
¿Cómo encontró las voces del padre, la madre, la hija y el hijo?
En la búsqueda de las voces de esos personajes me pasó algo curioso: había una tendencia muy fuerte a encontrar la voz de ellos y a no escribir lo que yo quería que ellos dijeran. A veces, por ejemplo, cierta sintaxis, ciertas oraciones, cierta eufonía no están escritas a la manera que el Carlos escritor lo haría. Y, entonces, el reto estuvo en escribir a contramano para crear cuatro personajes que se desprenden de mí, pero a los que pude dotar de lo que ellos pedían.
¿El drama de esta familia, al abrir el angular, le permite a usted reflejar, en últimas, el drama de la isla?
Está siempre esa idea de que toda palabra literaria es una palabra alegórica. Tiene que decir siempre un poco más. Y es un poco lo que me interesaba que sucediera cuando estaba contando esta familia. Por una parte, que la familia hablara de algo más de sí misma y que aparecieran incluso sus silencios, que reflejan los dramas que trascienden ese espacio cerrado. Pero también me interesaba que no solo hablaran de una Cuba muy concreta, sino que también hablaran de una familia que puede ser cualquiera, en cualquier lugar. Aquí los conflictos tienen una expresión material muy concreta. Están adscritos a una coyuntura muy específica; es un entorno de pobreza, de desasosiego, de tedio muy puntual; pero que luego la manera en que esas relaciones afectivas se expresan, puedan ser comunes a familias de cualquier lugar. Al final es una apuesta sobre seguro porque desde Esquilo hasta hoy, el conflicto familiar es un conflicto central en la literatura.
Finalmente la familia es algo que a uno le tocó, con las tensiones naturales entre sus miembros…
Claro. Son tensiones que también son parte del amor. Yo entiendo el amor como un sentimiento muy contaminado. Y a mí me interesa eso. Desconozco otro tipo de afecto que no sea uno que se dispute siempre como algo en tensión. Algo que parte del rechazo de la traición y que justamente en esa tesitura es donde algo de verdad te importa.
Esto parece que es una familia disfuncional. Cuando yo escarbo un poco y he podido mirar otros escenarios íntimos que no son el mío, me doy cuenta de que lo disfuncional es lo natural. Lo que nosotros llamamos disfuncional no es otra cosa que una suerte de hipocresía del lenguaje, que no es otra cosa que lo ordinario.

Carlos Manuel Álvarez habla de su primera novela 'Los caídos'.
Abel Cárdenas/EL TIEMPO
40 GRADOS DE REPRESION EN CUBA . POR RAFAEL ROJAS. LETRAS LIBRES (28 de noviembre 2020)
40 grados de represión en Cuba
La temperatura de la represión en Cuba sube como la fiebre en días de pandemia. Se trata de una represión sistemática, casuística, celular –lo primero que hace la policía política cuando detiene a un artista es incautar y desfigurar su móvil–, que quiere volverse rutinaria, normal, pero no lo consigue. Ciertos episodios, cada vez más frecuentes, como los arrestos de la artista Tania Bruguera y el hostigamiento al Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR) o el encarcelamiento, tras un proceso irregular, del también artista Luis Manuel Otero Alcántara, hace unos meses, sacuden la abulia.
El Movimiento San Isidro es un colectivo de jóvenes artistas visuales, poetas, músicos e intelectuales, cuya sede se encuentra en una de las barriadas más pobres de La Habana. A principios de noviembre, la policía irrumpió en la casa de uno de sus miembros, el rapero Denis Solís. Tras un intercambio de ofensas verbales, el joven fue arrestado, sometido a juicio sumario y condenado a ocho meses de prisión por desacato. Los miembros del colectivo se movilizaron, fueron a estaciones de policía y, en vez de respuestas, recibieron detenciones arbitrarias. Hicieron vigilias en parques de la ciudad y fueron disgregados a la fuerza.
Ante el cierre de alternativas, optaron por reunirse en la sede del movimiento, en la calle Damas, y reclamar pacíficamente, a través de las redes sociales, la liberación de su compañero. La Seguridad del Estado y la burocracia política y cultural de la isla también consideraron esa opción como subversiva e intentaron, por diversos medios, hacerlos salir de la sede. Varias veces forzaron la puerta, los agredieron verbal y físicamente, contaminaron la cisterna. Fue entonces que decidieron declararse en huelga de hambre y sed, mientras el resto acompañaba y asistía.
En cuanto la huelga llegó a las redes sociales y a escasos medios independientes e internacionales, la élite del poder comenzó a reaccionar con el recurso de siempre: la descalificación. Mariela Castro, hija de Raúl y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), tuiteó que los jóvenes de San Isidro eran “vulgares, chabacanos y miserables”. Abel Prieto, ex ministro de Cultura, ex asesor presidencial y ahora presidente de Casa de las Américas, dijo que eran “marginales” y “delincuentes”. En cualquier país latinoamericano, esos adjetivos, dirigidos contra jóvenes negros, mestizos y pobres, como los de San Isidro, serían reflejos del clasismo y el racismo del gobierno.
Los principales medios oficiales –Granma, Cubadebate y las cuentas en redes de propagandistas del gobierno–, agregaban a la descalificación la consabida trama de “agentes del imperialismo”. Según el libreto de siempre, los jóvenes, que el propio discurso oficial llamaba “pobres” y “marginales”, recibían cuantiosas sumas de dinero del gobierno de Estados Unidos, tenían vínculos con “terroristas” de Miami y la CIA, eran partidarios de la reelección de Donald Trump. Aunque alguno hubiese mostrado simpatías por Trump, no era esa la identidad de un grupo tan heterogéneo.
Otro foco de la campaña oficial contra San Isidro fue desmentir que la huelga de hambre era real. A pesar de que las imágenes sobre el debilitamiento de algunos, como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, eran convincentes, medios oficiales insinuaban que los huelguistas ingerían bebidas y alimentos. Bajo un régimen como el cubano, que vive de la legitimación simbólica de una epopeya revolucionaria, no puede haber heroísmo ni épica en la oposición o la disidencia. El énfasis de medios oficiales en la falsedad de la huelga contradijo la urgencia de la policía por desalojar la sede.
El objetivo del poder siempre fue la disgregación, el silenciamiento de la voz pública de ese colectivo independiente. Cuando acordonaron la calle e impidieron el acceso de familiares y amigos, el argumento fue que eran medidas sanitarias para evitar la propagación de la covid-19. El arribo a Damas 955 del escritor y periodista Carlos Manuel Álvarez, director de El Estornudo, una de las pocas publicaciones que, junto a Rialta, El Toque, Cibercuba y otros, realizó una cobertura precisa y veraz del conflicto desde el inicio, funcionó como pretexto mal disimulado para intervenir la sede con fines sanitarios.
Álvarez, autor de un par de libros imprescindibles para entender la Cuba de hoy –La tribu (2017) y Los caídos (2019), ambos en Sexto Piso– llegó desde Nueva York y le aplicaron una prueba contra el coronavirus en el aeropuerto de La Habana. Poco antes del allanamiento de Damas 955, tres agentes se presentaron y le comunicaron que la prueba había resultado “dudosa” o “alterada” y que debía someterse a una nueva. Ante la respuesta del escritor de que la prueba se podía aplicar en la propia sede del movimiento, los agentes dijeron que no, que debía ser conducido a un policlínico.
Tras el desalojo y la detención de los huelguistas, la mayoría fue trasladada a sus domicilios, aunque Otero Alcántara permaneció recluido y la curadora Anamely Ramos, estudiante de la Ibero en México, fue arrestada al día siguiente. La sede del Movimiento San Isidro fue clausurada y el gobierno dio forma definitiva al relato sanitario: la intervención violenta se debió a que con la llegada de Álvarez se violaban protocolos de salud pública y había riesgo de propagación de la pandemia.
Este episodio de represión en Cuba puede sumarse a los tantos usos autoritarios del coronavirus, en América Latina y el Caribe, para limitar derechos civiles y políticos. Pero es importante no entrampar el análisis en enfoques inmediatistas o coyunturales: la represión celular, cuerpo a cuerpo, especialmente contra la nueva generación de artistas, cineastas, escritores, periodistas e intelectuales cubanos independientes no responde, stricto sensu, a la pandemia, al cambio de administración en Estados Unidos o al aprovechamiento que puedan hacer políticos norteamericanos como Mike Pompeo o Michael Kozak.
Como pudo constatarse en las afueras del Ministerio de Cultura, durante horas y horas, el pasado viernes 27 de noviembre, esa juventud que mostró tanto civismo no es un sujeto fácilmente manipulable por los actores que han hegemonizado el conflicto cubano durante décadas. No son marionetas, como insisten en presentarlos, obsesivamente, la prensa oficial y sus rivales más extremistas. Tampoco son inconscientes de que un conjunto de demandas concretas no disipan el horizonte de un cambio mayor.
Hemos visto en Cuba, en los últimos días, la sistematicidad represiva de un Estado que aspira al control irrestricto de una generación que ha expresado de múltiples formas su rechazo a las leyes que limitan las libertades de expresión y asociación. Nada más y nada menos que un rechazo generalizado a los decretos 349, que decide quién y quién no es artista, y 373, que regula el ejercicio del cine independiente. Rechazos que, en esencia, implican un desacuerdo profundo con la forma en que la nueva Constitución y el Código Penal obstruyen los derechos humanos en la isla.
Los mismos medios que durante semanas justificaron la represión contra el Movimiento San Isidro ocultaron las protestas de más de doce horas frente al Ministerio de Cultura. El mayor logro de ese largo viernes no fue la promesa de dejar de reprimir –cosa que jamás cumplirá un Estado como el cubano–, sino haber obligado al poder a negociar. Digan lo que digan burócratas y propagandistas, eso es algo que no podrá escamoteársele a los huelguistas de San Isidro.
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