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Wednesday, June 10, 2015

Biutiful Vs. Beautiful

por Olga L. Miranda






      Biutiful (2010) es el título de un largometraje mexicano-español dirigido y escrito por Alejandro González Iñárritu. La cinta, de más de dos horas de duración, fue rodada en Barcelona y también allí se desarrolla la historia. Javier Bardem (como Uxbal) es el protagonista, quién estuvo acompañado en el reparto por Maricel Álvarez (Marambra, la exesposa) y Eduard Fernández (Tito, el hermano), entre otros.
      La trama argumental del filme esta basada en la historia personal de Uxbal, quien es un hombre todavía joven, de unos 40 años, que vive de hacer negocios en el mercado negro con inmigrantes ilegales. Está divorciado de una mujer alcohólica y bipolar con la cual tiene dos hijos, Ana y Mateo. El quiere sacar adelante a los chicos por sí mismo, pero las cosas se complican fatalmente para él. Uxbal ha recibido un diagnóstico de cáncer de próstata y su muerte es inminente. Entonces, el empieza a plantearse problemas existenciales acerca de como vivir los últimos días de su vida de manera que sus hijos no queden abandonados ni desprotegidos tras su muerte. 
      La historia se desarrolla de manera cronológica aunque la película comienza por el final. Es decir, que la primera y la última escena se superponen haciendo que el tiempo sea circular. Esto crea interés por conocer el desenvolvimiento de los acontecimientos y, a la misma vez,  marca la historia con un tono trágico dede el inicio. Uxbal está acostado en la cama con su hija, sólo se pueden ver las manos de ambos; él le cuenta a ella de un anillo que fue de sus padres, sus voces son susurros, la de el es más débil y quebrada, la atmósfera es oscura y melancólica. Sin embargo, la conversación entre padre e hija transmite ternura, intimidad, amor. Uxbal habla de muerte y orfandad. Se le escucha narrar a su hija el drama de su niñez, pero no hay amargura ni rencor en sus palabras. Cuenta que no conoció a su padre porque este huyó de España muy joven cuando su madre estaba embarazada de él, y ella murió más tarde. El le entrega el  anillo a Ana, le dice que fue de su madre y ahora será de ella, lo cual hace pensar en una despedida, en un adiós definitivo. La niña coloca el anillo en su dedo, dice que es muy bonito; a los pocos minutos se le escucha llamar a su padre varias veces y este ya no contesta. Todo indica que algo terrible sucedió. Esta escena es de una gran sencillez y naturalidad, pero tiene fuerza dramática y emotiva. Acto seguido se pasa a otra escena donde aparece Uxbal solo en un lugar frío, desolado e irreal, pero, a diferencia de la primera escena, aquí hay mucha blancura y claridad. En medio de un bosque nevado y ventoso se escuchan unos disparos, se ve una lechuza muerta sobre el suelo y, de pronto, aparece un hombre muy joven con quién Uxbal sostiene un diálogo aparentemente absurdo, pero cálido y cercano. Al final, los dos se marchan, pero no se ve adonde, ambos salen fuera del foco de la cámara. Mas tarde, se sabe que este hombre es el padre de Uxbal. La primera escena deja una sospecha, la segunda crea confusión, pero ambas son de gran belleza y sensibilidad estética. 
      Desde el inicio el espectador presiente la tragedia, pero también la franqueza y el dolor del personaje; queda claro, desde los primeras imágenes, que no habrá embellecimiento ni artificio. La vida estará allí en sus formas mas descarnadas. No se verá la beautiful, sino su torcedura, su error, su deformidad, la biutiful.  Es el momento de decidir si levantarse de la butaca y escapar de la tragedia de Uxbal, o acompañar a este hombre, destrozado por la cruda realidad de su vida, hasta el final del viaje. Parece que el director quiso decir, no te prometo nada bonito, si me acompañas conocerás la fealdad del mundo, pero a cambio tendrás la hermosa profundidad del alma de un hombre, que es bueno, a pesar de todo. De ahí el simbolismo del título de la película. El resto del filme es anecdótico. Estas dos primeras escenas encierran todo el significado esencial de la historia, el drama de la vida de Uxbal está expresado allí, en en el final de su vida, en la aceptación de su destino.  Pero es necesario ver toda la historia para entenderlo. 
      Al terminar estas dos escenas aparece el título de la película, es cuando la historia realmente comienza. La vida cotidiana del protagonista se presenta en dos planos: el social y el individual. 
      En el primer caso, su vida transcurre dentro de un mundo marginal, en la cloaca de Barcelona; ciudad que es famosa por su belleza arquitectónica, su arte, su cultura, su modernidad. Sin embargo, el paisaje urbano que se aprecia en la película es diferente. Ese plano está intencionalmente marcado por una mirada crítica desde la fotografía que llama la atención sobre esa otra Barcelona pobre, de casas apiñadas, de tugurios donde viven los inmigrantes, los africanos, los asiáticos, los pobres. En muchos momentos se ven grandes chimeneas humeantes, contaminantes, típica lámparas chinas de papel medio rotas que cuelgan mecidas por el viento. También se escucha el molesto ruido de las áreas industriales y de las construcciones y se ven altas y amenazantes grúas que parece nos van a caer encima, produciendo un efecto de desfamiliriarización con ese ambiente tosco. 
      En otras escenas se observa la brutalidad de policías que persiguen a inmigrantes ilegales que andan por las calles haciendo ventas ilícitas para sobrevivir. Estas imágenes son de un gran realismo. La cámara parece correr junto a los personajes desde tomas muy cercanas; lo cual consigue un efecto de participación emotiva con los hechos. Otras tomas son lejanas, más panorámicas, en estas se ven las caras asustadas de los turistas que parecen no entender nada.  Se sugiere la irracionalidad de toda esa violencia, su fealdad, su inutilidad. Las imágenes más impactantes de la película están relacionadas con las escenas de la muerte por asfixia de un grupo inmigrantes chinos que trabajan por un salario mísero y son explotados por otros chinos sin escrúpulos. Este hecho, aunque fue un accidente, es culpa de Uxbal quien, irónicamente, fue quien compró un calentador defectuoso para que no pasarán frío. Este es un momento de clímax dramático donde el destino trágico de Uxbal es ya irreversible, sus sufrimiento es casi insoportable. En otra escena se ven los cuerpos de los asiáticos hinchados por la muerte flotando en el mar, otros tirados sobre las arenas de una playa. De fondo vemos un sol naciente casi romántico, las suaves olas del mar balancean los cuerpos, altos edificios de la bella Barcelona se ven a lo lejos como pintados con un luminosidad suave y dorada. El contraste es notable, intencional, sugerente. La moderna urbe está ajena al terrible drama humano que se vive a pocos pasos de su centro.  
      En el plano individual Uxbal se presenta como una especie de héroe marginal moderno con su andar solitario y casi quijotesco por las calles de una Barcelona que lo ignora. Pero en este caso, la locura no está en él, sino en un realidad caótica, irracional y cruel que lo aplasta. Las tomas de cámaras en close up nos hacen casi palpar el sufrimiento de este hombre, su dolor interno, su desesperación. Su rostro siempre sudado y su ropa desaliñada nos llevan a buscar su belleza más adentro y no en su apariencia externa. La oscuridad de estas tomas lo muestran como un animal acosado, pero, al mismo tiempo, muestran el conflicto interno de un hombre que no ve la luz en el camino, que lucha pero no encuentra salida. 
      Sin embargo, las escenas donde Uxbal está con sus hijos y su familia son de gran luminosidad, la luz invade el humilde apartamento, muestra la sobriedad con que vive y, sobre todo, expone la risa sincera del padre feliz. Es muy notable el hecho de que en las únicas escenas done el protagonista se ve feliz es cuando está sentado a la mesa comiendo con sus hijos, hablando con ellos, sirviéndoles la comida, escuchando sus historias del día. Estos momentos transmiten un gran humanismo y logran el efecto de identificación. La sensibilidad y nobleza de este hombre se ponen a prueba en otros momentos. Por ejemplo, en el diálogo con el policía Uxbal pide a este que lo ayude con su amigo africano para que no lo deporten, le dice que el tiene mujer e hijos. Este le contesta que el tiene que mantener a su familia también y afirma: “tu no eres la Madre Teresa de Calcuta”; le explica que el no pude hacer nada por salvar a esos inmigrantes. Es obvio que la imagen que tiene el policía de Uxbal es de que es un hombre bueno, que quiere ayudar a sus amigos, casi un santo. 
      Esta idea es sugerida visualmente en algunas escenas donde el protagonista exhibe cierto parecido con la imagen tradicional que se tiene de Jesucristo. Tal es el caso del momento cuando él está agachado como orando por el alma de Lili y su bebé que mueren en el trágico incidente por escape de gas en el sótano. El toca sus caras con gesto delicado que parece bendecirlos. Su cuerpo está encorvado por el dolor, ensombrecido, pero su mirada parece la de un santo. Esto también se aprecia en una escena donde el se desnuda en el baño y tiene puesto un pañal para no orinar sus pantalones pues ya la enfermedad es avanzada y sufre de incontinencia. Su cuerpo se ve flaco, su abdomen con el costillar marcado producen una asociación mental con el cuerpo de Jesús durante la crucifixión.
      El guión de la película no descuida en mostrar los contrastes entre la personalidad de Uxbal y otros personajes repugnantes y mezquinos como su propio hermano Tito. La escena del club nocturno es de un realismo punzante, las imágenes son grotescas. Aquí ocurre otro momento de climax donde el protagonista hace una catarsis y se muestra en toda su debilidad y sufrimiento. Mientras tanto, su hermano está al lado de él, pero ajeno a su tragedia, a su dolor. Tito está drogándose y disfrutando en un ambiente alienado y degradante. Hacia el final, Uxbal deja todo lo que tiene a la amiga africana con la promesa de que cuide de sus hijos. El muere al lado de Ana y ocurre el encuentro imaginario con su padre. Se repite la escena del inicio.

      Beautiful no es un película de entretenimiento, es una obra de arte que invita a reflexionar sobre el valor de nuestras vidas, sobre las cosas que son realmente importantes. El lenguaje narrativo de estilo realista y expresionista, apoya el contenido de la historia.

Arte y sublimación en Nada



Arte y sublimación en Nada
por Olga L. Miranda


“Aún no estaba segura de lo que podría calmar mejor 
aquella angustiosa sed de belleza…” 
Nada. Carmen Laforet (85)

       Nada (Barcelona,1945) de Carmen Laforet (1921-2004) es considerada una de las novelas más 
significativas de la posguerra. Sus valores literarios fueron reconocidos tempranamente al recibir, en 
1945, el primer premio Nadal. Es un relato narrado en primera persona de manera lineal y retrospectiva que sigue el modelo arquetípico del género de novela de iniciación o aprendizaje (Bildungsroman).


        Esta obra ha sido objeto de muchas y variadas interpretaciones. La edición de Nada que hemos usado para este trabajo viene acompañada de un análisis de la novela a cargo de Domingo Ródenas de Moya que incluye un resumen sobre la crítica que ha recibido la obra desde su publicación. Resulta evidente que existe consenso sobre el hecho de que la obra se enmarcó dentro de la estética del tremendismo y bajo el influjo del existencialismo, lo cual concede al relato una visualidad oscura y grotesca y un tono angustioso y de incertidumbre. Sin embargo, la presencia del arte en la historia compensa esa sordidez visual y psicológica ya que participa en la narración como una experiencia estética a través de la cual algunos personajes canalizan de manera positiva ansiedades y deseos frustrados y, también, comunican mejor sus emociones. Teniendo en cuenta, que la presencia del arte en la narración no es un decorado, sino que tiene un significado notable dentro de la sicología de los personajes, este trabajo se propone  demostrar que la necesidad de Andrea y Román de vivir experiencias artísticas es una forma de “sublimación” de sus deseos y frustraciones. Para lograr este objetivo se analizarán aspectos de la psicología de los personajes que se expresan en el lenguaje narrativo, tales como el uso de símbolos, las descripciones y los diálogos. 

         El concepto “sublimación” (canalización positiva de la “libido”) y otros asociados a él como: placer, deseo, inconsciente y represión de los instintos son de tradición freudiana. En particular, para este trabajo tendremos en cuenta los aportes de Carl Jung al concepto “sublimación”. Este término se asocia con otro más primario que es “libido” y que significaba para Freud  instinto sexual. Sin embargo, para Jung la “libido” no es sólo instinto sexual sino energía vital del ser humano que  condiciona su necesidad de búsqueda de placer. En esta búsqueda el ser humano encuentra obstáculos que lo pueden llevar a la represión de sus energías vitales o a descubrir oportunidades para canalizar positivamente sus deseos (que pueden ser sexuales o no). Una vía positiva de canalización de esa energía vital (libido) es la creación artística. En el libro de Roger Horrocks  Freud Revisited: Psychoanalytic Themes in the Postmodern Age  y en el artículo de Luís Sales “Reflexiones en torno al concepto de sublimación en Freud” encontramos un análisis contemporáneo de estos conceptos. Así por ejemplo, en este último el autor  explica  que: “…la sublimación sería el resultado de una cancelación de la represión, la cual abriría —por así decir— una vía alternativa, un atajo que permitiría a la pulsión arribar a su meta” ( 4 ). La sublimación es  es un concepto clave del psicoanálisis que nos permitirá analizar como algunos personajes de la novela luchan por resolver sus conflictos través de una realización positiva de sus deseos.

         R. Barthes y J. Lacan continuaron trabajando estos conceptos y desarrollaron la teoría sobre la subjetividad del lenguaje retomando los estudios de S. Freud y C. Jung sobre el papel del “inconsciente”. Ellos aplicaron este concepto al análisis crítico del texto literario (Selden, Raman & Widdowson, Peter, 1993, 139). Este ensayo asumirá esta perspectiva como marco teórico y metodológico del análisis de la obra y aplicará la tesis de que el inconsciente se manifiesta en los símbolos del lenguaje y se revela en “dramas, jokes, and art"  (Seden & Widdowson, 139).

        Nada está dividida en tres partes. El argumento de la novela está basado en los sucesos ocurridos durante un año en la vida de Andrea (1939-1940). Ella es la narradora y la protagonista del relato. Llega a Barcelona a la edad de 18 años procedente del interior con el objetivo de ingresar en la universidad. La joven viene a vivir a la casa de sus tíos maternos (Juan, Román y Angustias) quienes disfrutaron el esplendor de una familia burguesa, pero ahora están empobrecidos y devastados moral y sicológicamente. La ciudad barcelonesa padece las secuelas de la guerra civil que recién había terminado y vive el ambiente represivo del franquismo. Estas condiciones sociales se reflejan en el contexto familiar en el que Andrea se tiene que insertar. Sus dos tíos, Juan y Román, por ejemplo, tuvieron participación activa en la guerra y viven rumiando ese pasado que los marcó. El ambiente sórdido que Andrea encuentra en casa de sus parientes la impresiona negativamente desde su llegada. En lo adelante, la joven provinciana se verá involucrada en los odios y rencores de sus neuróticos familiares, hará amigos en la universidad, tendrá la primera experiencia amorosa y será testigo del suicidio del tío Román. Andrea vive diversas experiencias frustrantes y otras más felices, pero pasa la prueba de vivir independiente en una ciudad. Finalmente, se marcha a Madrid invitada por la familia de Ena, su amiga de la universidad. El hilo central de la trama viene dado por el conflicto entre Andrea y su tía Angustias quién trata de imponer una relación controladora y dominante. Andrea, por su parte, no desea confrontación con la tía autoritaria, pero defiende su libertad y quiere vivir su “aventura" en Barcelona. 

        La estructura de la novela está marcada por el hecho de que Andrea es una narradora subjetiva, esa “predisposición a transformar en belleza el contacto con el mundo” (Ródenas de Moya, 240) la califica como tal. La sensibilidad estética de Andrea contribuye a crear un relato vívido, plural, abierto y polisémico que nos permite hacer diferentes lecturas e interpretaciones del texto. Esta cualidad de Andrea como narradora guiará el análisis de la novela. Las dos manifestaciones artísticas que están más implicadas en la historia son la música y la pintura, representadas en Román, Juan y la mamá de Ena.  Concibiendo el arte en el amplio sentido de la palabra, es decir, como experiencia estética y como lenguaje que comunica emociones e ideas Andrea entraría en este concepto. El estudio se centrará solamente en Andrea y Román y en el análisis de como ellos como canalizan su búsqueda de placer a través del disfrute estético.

        Andrea tiene una relación especial con la música. Este arte significa para la joven la felicidad que vivió durante su niñez en la casa de los tíos, lo cual contrasta con su frustración al percibir el entorno deprimente que se encuentra ahora al llegar a esa misma casa. La primera referencia al arte en la novela aparece desde el inicio cuando Andrea llega y describe el entorno hagareño. Ella rememora su niñez en aquel lugar y al describir la magnificencia que tuvieron las habitaciones en el pasado recuerda y piensa: “Un piano—¿como podía faltar?—, sus lánguidos aires cubanos en el atardecer.”(20). El tono de esta expresión es exclamativa y transmite una idea da paz y armonía. Luego agrega: “Cuando yo era la única nieta pasé allí las temporadas más excitantes de mi vida infantil” (20). Ya esto nos indica que Andrea asocia su infancia feliz con la música. Al utilizar el adjetivo “excitante” está prácticamente indicando placer físico. El piano es como un símbolo para ella de alegría y felicidad. Este es un dato sobre la niñez de Andrea que informa sobre su biografía psicológica y sobre eventos que la pueden haber marcado, lo cual ofrece pistas sobre eso que Lacan llamó “chilhood memories” (50) y que la acompañarán siempre. 

         La referencia inicial al piano contrasta con otra que aparece en una descripción del lugar donde durmió la primera noche: “En la habitación que me habían destinado se veía un gran piano con las teclas al descubierto” (16). Esta imagen sugiere deseo insatisfecho ya que el piano es un objeto que se identifica con placer y al decir que esta abierto hace pensar en algo que desea ser tocado para producir placer. En este sentido es importante tener en cuenta que Andrea es huérfana, vivió en un convento por años y luego en un pueblo del interior. Se supone que ha tenido una vida de represiones y es por eso que llega a Barcelona llena de energías y deseos de disfrutar de libertad. Pero la realidad no es muy laudable. “Tenía una sensación de inseguridad frente a todo lo que allí había cambiado” (20) expresa ella la primera noche en casa de sus tíos. Aquí se aprecia un paralelismo entre pasado (niñez-felicidad) y presente (miseria moral y material) que Andrea hace notar. Ella expresa que siente miedo, lo cual es una emoción negativa que empieza a deprimirla. El piano era lo único que se conservaba en la casa que la enlazaba con un pasado feliz, pero estaba arrinconado como ella misma. 

         Andrea empieza a conocer a sus parientes y un día entra al estudio de Juan y siente placer al ver a Gloria desnuda y descubrir su belleza física. Esta es una experiencia estética que le permite penetrar la psicología de sus tíos y canalizar así sus deseos de comunicarse con ellos. Ella había conversado con Gloria, la esposa de su tío Juan y se había hecho una idea negativa de ella. Sin embargo, reconoce que le tomó simpatía desde el día en que la vio desnuda sirviendo de modelo a Juan (30). Ella expresa: “Yo, que había entrado sólo para unos segundos, me quede allí fascinada”(31). Esta escena es muy significativa si se tiene en cuenta que Andrea venía de estudiar en un colegio religioso y de vivir en un pueblo de campo, por lo tanto, no se supone que ella fuera tan liberal como se muestra en la descripción de esta experiencia. Esto muestra que la atracción y el interés de ella por el arte son intensos y la hacen superar posibles inhibiciones.

        La relación de Andrea y Román es una de las más reveladoras del relato en cuanto a la comunicación que ellos logran través de la música. Cuando Andrea narra la primera vez que visita la habitación del tío Román ella siente gran placer y una especie de seducción por él a pesar de que ya ha presenciado su conducta violenta y mezquina en su relación con su hermano Juan y con Gloria, esposa de Juan. Las descripciones son muy perceptuales debido a la visualidad y sensorialidad que transmiten. Allí todo está dispuesto para el placer parece querer decir Andrea. Ella relata que Román hacía un “café maravilloso” y “sacaba no sé de donde unas mágicas tazas, copas y licor; luego cigarrillos” (32). Reconoce que estaba “ruborizada y molesta” y que aunque no le gustaba fumar aceptó un cigarrillo porque tenían un olor exquisito. Esta mención al rubor sugiere excitación al estar en un ambiente íntimo con un hombre. Andrea describe la sensualidad del cuerpo del tío y la manera relajada de conducirse. En particular, cuando habla de sus manos se trasluce atracción sexual hacia él; ella dice: “yo miraba sus manos, morenas como su cara, llenas de vida, de corrientes nerviosas, de ligeros nudos, delgadas. Unas manos que me gustaban mucho”(33). Posteriormente, ella le pide que haga música y él saca el violín (instrumento que tiene connotaciones eróticas, pues asemeja el cuerpo desnudo de una mujer); luego ella le pregunta si también él pinta. Román contesta que sí y dice que lo hace mejor que Juan. Entonces le cuenta de su vida, dice que el ha hecho de todo, que estudió Medicina e Ingeniería pero lo dejó. Esto muestra que la vida de Román está llena de frustraciones y no se ha realizado en nada concreto. Sin embargo, él dice que pinta de afición y lo hace bien. Esta información refiere eventos importantes en la biografía de Román que muestran sus frustraciones y deseos insatisfechos de realización personal que él trata de compensar con el arte.

          Ahora bien, la parte más intensa desde el punto de vista emocional y de “sublimación” de los deseos de placer de Andrea y Román en esta escena es cuando él toca el violín y ambos se olvidan de frustraciones y diferencias logrando una complicidad. La experiencia que vive Andrea en la habitación de Román a través de la música muestra lados psicológicos diferentes de ambos. El lado sensible y más humano de Román emerge en su música. Andrea lo describe así: “En el momento en que, de pie junto a la chimenea, empezaba a pulsar el arco, yo cambiaba completamente. Desaparecían todas mis reservas, la ligera capa de hostilidad contra todos que se me había ido formando. Mi alma, extendida como mis propias manos juntas, recibía el sonido como una lluvia tierra áspera. Román me parecía un artista maravilloso y único. Iba hilando en la música una alegría tan fina que traspasaba los límites de la tristeza. La música aquella sin nombre. La música de Román que nunca más he vuelto a oír” (33-34). En esta descripción se mencionan objetos que tienen una carga simbólica como la chimenea que se asocia al fuego y a la pasión y la lluvia que también tiene connotaciones eróticas. Andrea resume la escena diciendo que Román se ve más alto mientras toca  “sólo respirando en su música”. Y concluye describiendo de nuevo lo que le hacía sentir aquella música: “el sentimiento de mi desesperación total hecha belleza, angustiosa armonía sin luz” (34). Esta descripción es casi una poesía, se aprecia el uso de metáforas que aportan gran lirismo a la narración, pero también trasluce la idea de deseo insatisfecho sobre todo al usar la palabra “desesperación”.  Andrea y Román canalizaron sus energías y su necesidad de placer y comunicación a través de la música en esta escena. Es muy significativo el hecho de que Andrea confiesa que cuando Román terminó de tocar todo volvió a ser como antes y ella se quiso ir, y lo describe así: “Inmediatamente se me cerraban las manos y el alma” (34).

         Hay otro pasaje donde Andrea y Román se encuentran de nuevo y se produce entre ellos un dialogo donde ocurre un juego de palabras con doble sentido de significado erótico. Andrea está enferma y Román entra a su cuarto a verla y ella dice que vino con el loro y con el perro, y este último “entró  también de manera impetuosa, dispuesto a lamerme la cara”. Entonces habla con Román sobre el piano, le pregunta si el ha compuesto alguna música y le dice: “Tócame eso que compusiste para el piano”. Román aparentemente captó el mensaje como deseo sexual  y le dijo: “Cuando estás enferma hablas como si dijeras las cosas con doble intención, no sé por qué”. Andrea no aclara el error, lo cual sugiere que hay una especie juego erótico verbal entre ellos. Pero de nuevo la música interviene en la solución de este latente conflicto de deseos y necesidad de satisfacción y búsqueda de placer. Román toca el piano aunque dice que está desafinado y dice que mejor le “toca” la canción de Xochipilli. Él se refiere a una escultura que él mismo fabricó, lo cual indica que Román también tiene habilidades para ese arte. Lo más llamativo aquí es que la estatuilla representa a un Dios, según confiesa Román es “el dios de los juegos y de las flores de los aztecas (…) este dios recibía ofrendas de corazones humanos…Yo, muchos siglos más tarde, en un rapto de entusiasmo por él compuse un poco de música. El pobre Xochipilli está en decadencia, como verás” (43). 

          Este diálogo es demostrativo de la “sublimación” en su variante fetichista. Es bueno aclarar aquí que en 1927 en su artículo Fetichismo Freud explica el fenómeno del “fetichismo” concibiéndolo como una forma de “sublimación” de naturaleza perversa, pero estudios actuales lo ven como una forma positiva de canalización del deseo y los instintos. Luis Sales en su ensayo “Reflexiones en torno al concepto de sublimación en Freud” aborda ampliamente este tema.
La obra de arte —y en esto cumple idéntica función que el fetiche y el juego infantil— está al servicio de Eros, es pulsión de vida que liga y objetaliza, crea una ligazón de complicidad entre el artista y su público, que de alguna manera la hace suya (o al menos esa es la intención del creador). En este sentido, y cualquiera sea la biografía privada del artista que la genera, y cualesquiera sean las condiciones que acompañan el proceso creador, la obra de arte funciona como defensa contra la pulsión de muerte (10).

         Es decir, que el diálogo entre Andrea y Román está cargado de simbolismo en relación a sus deseos y frustraciones. Román habla de “decadencia” denotando infelicidad y frustración. Sin embargo, el arte interviene positivamente facilitando complicidad y comunicación cuando Román toca el piano. Esa noche Andrea tuvo un episodio onírico en el que vio a Juan convertido en Xochipilli y a Román abrazando a Gloria en un campo con lirios morados (los lirios son símbolo de seducción). Y al despertar tuvo la idea de que había descubierto un secreto. En realidad en la inconsciencia del sueño ella visualizó la fatal atracción entre Román y Gloria. Esto indica frustración en ambos a causa de deseos sexuales reprimidos y es la causa del odio entre Juan y Román que Andrea ha percibido en las peleas entre ellos.

        Entre Andrea y Román se produce un diálogo que está cargado de simbolismo y es por ello muy revelador del vínculo entre ellos través del arte. Ellos conversan sobre una estatuilla que representa al dios azteca Xochipilli. Una noche en que Román, según Andrea, estaba “desesperado” y “trastornado” le pidió que subiera pues necesitaba hablar con ella. Él tuvo una catarsis, “se reía como un loco” y le dijo: “¿No te he contado la historia del dios Xochipili, mi pequeño idolillo acostumbrado a recibir corazones humanos? Algún día se cansará de mis débiles ofrendas de música y entonces…” (68). Parece bastante razonable pensar que Xochipilli simboliza los deseos sexuales reprimidos de Román que ya no se canalizan a través de la música. Román está anticipando su muerte porque ya la “sublimación” de sus deseos no se logra. Después Román agrega: “…entonces le ofreceré Juan a Xochipilli, le ofreceré el cerebro de Juan y el corazón de Gloria”(68). Es bueno recordar aquí que Román confiesa tener en su buhardilla la pintura que le hizo a Gloria durante los días que pasaron en un castillo durante la guerra y el la pintó en un “campo con lirios morados”. Este puede ser otro fetiche que el conserva como recuerdo de su aventura amorosa con Gloria. Al final de esta escena, la apariencia de locura de Román asusta a Andrea que huye corriendo de la buhardilla del tío. Según lo que ha confesado Román parece quedar claro que existe un triángulo pasional entre él, Juan y Gloria. Esta sub trama se soluciona al final con el trágico suicidio de Román. Todo este conflicto sugiere que al dejar de funcionar la “sublimación” la muerte se presenta como única salida ante la imposibilidad de canalizar los deseos que se manifiestan entonces en neurosis, depresión, obsesiones, fobias u otras patologías.

          Después de esta conversación ocurre una ruptura entre Andrea y Román y viene una etapa de soledad y tristeza de Andrea que ella canaliza a través del arte, pero en este caso ella se dedica a pasear por la ciudad y disfrutar de la belleza arquitectónica de los edificios y las catedrales góticas. Por ejemplo, la descripción que ella ofrece de su visita nocturna a la catedral es de inspiración poética, se aprecia el uso de metáforas y sinestesias cuando expresa: “Al llegar al ábside de la Catedral me fijé en el baile de luces que hacían los faroles contra los mil rincones, volviéndose románticos y tenebrosos”(86) Y luego describe con gran emoción el inmenso placer y felicidad que provocaba en ella aquella visión: “Una fuerza más grande que la que el vino y la música habían puesto en mí, me vino al mirar el gran corro de sombras de piedra fervorosa. La Catedral se levantaba en una armonía severa, estilizada en formas casi vegetales, hasta la altura del limpio cielo mediterráneo. Una paz, una imponente claridad, se derramaba de la arquitectura maravillosa”(87). Es muy claro que el disfrute estético produce en Andrea un inmenso placer espiritual que ella lo compara hasta con placer físico pues usa el símil de “la embriaguez del vino”. 

         La pasión de Andrea por el arte sugiere necesidad de placer y de comunicación y sus deseos insatisfechos de amor y de liberación de todo aquel ambiente asfixiante en que ella vivía. Es muy remarcado en la novela el hecho de que en muchos momentos cuando Andrea siente ansiedad o está deprimida recurre al arte para calmar su desasosiego y llenar su vacío existencial. Por ejemplo, en varias ocasiones se va a recorrer la ciudad y disfrutar de la armonía de su arquitectura como una auténtica flaneur. La cita que encabeza este ensayo es un buen ejemplo del tipo de relación que Andrea tiene con el arte. Es una pasión que nace dentro de ella, es un deseo que brota de su cuerpo y de su espíritu, es, sobre todo, una necesidad de afecto y placer que ella sofoca y canaliza a través del disfrute estético. 

         El tema de la necesidad de “sublimación” en la protagonista de Nada ha sido notado con anterioridad por Ródenas de Moya. Pero este crítico relaciona la “sublimación” con una necesidad de satisfacción sexual que se proyecta a través de fantasías eróticas. Esta idea la encontramos cuando él explica que la falta de madurez de Andrea no le permite juzgar lo que pasa, por eso se limita a “registrar lo ocurrido” y pone como ejemplo cuando ella describe “la sublimación del propio deseo sexual en el noviazgo de Ena y Jaime” (229). Es decir, este autor reduce la sublimación a lo sexual, lo que no le permite ver más complejidad psicológica en la protagonista al obviar la necesidad de Andrea de canalizar sus energías creativas hacia el logro del placer estético como una forma de “sublimación” que no es sólo sexual. 

        La atracción de Andrea por el arte se manifiesta también en su relación con otros personajes como es el caso del grupo de pintores bohemios en cuya buhardilla ella confiesa sentirse cómoda (una vez más ella reconoce sentirse bien dentro del ambiente del arte); pero, sobre todo, en su relación con la madre de su amiga Ena. Ella describe su fascinación cuando recuerda la primera vez que la escuchó cantar y tocar el piano: 
"Me corrió un estremecimiento al recordar aquella voz ardorosa que al salir parecía quemar y envolver en resplandores el cuerpo desmedrado de su dueña. Aquella voz había despertado todos los pozos de sentimentalismo y de desbocado romanticismo de mis dieciocho años. Desde que ella había callado yo estuve inquieta, con ganas de escapar a todo lo demás que me rodeaba. Me parecía imposible que los otros siguieran fumando y comiendo golosinas" (85). Una vez más se nota la alegría de Andrea, pero también la extrema ansiedad y excitación que provoca la música en ella. Estos estados emotivos pueden ser psicológicamente negativos en su manifestación aguda. No es descaminado pensar que las experiencias positivas de Andrea durante su niñez vinculadas a la música y al piano se asocian con sus padres y sus tíos felices, pero también con pérdida, ausencia y muerte, pues, sus padres fallecieron y su familia esta en proceso de destrucción. Emociones tan contradictorias pueden crear un estado de ansiedad causante de depresión o neurosis sino encuentra salida través de algún tipo de “sublimación”. No es casual entonces que el estado emocional de Andrea sea casi siempre depresivo y escapista y lo expresa con mucha frecuencia en el relato al decir que tiene deseos de llorar y de huir. Es muy significativo el hecho de que, después de escuchar a la mamá de Ena tocar el piano, ella tiene “ganas de escapar”, esa es una reacción que no parece muy racional, pues ella debería sentirse bien allí. La explicación a esta conducta desde el psicoanálisis sería que Ana en realidad quiere escapar hacia su niñez feliz,  hacia el afecto de su madre que la madre de Ena le debe recordar. Ella quiere volver a todo lo que ella tuvo y ya no tiene. No es por gusto que al inicio del relato, lo primero que hace Andrea el día que llega a casa de los tíos es recordar su niñez feliz en ese lugar, pero muy pronto esas memorias se empiezan a despedazar. La destrucción de la casa de “la calle de Aribau” es también la destrucción de su pasado, de su niñez, de sus memorias de felicidad. Por eso Andrea necesita desesperadamente el arte como defensa contra esa sensación de pérdida del pasado y también como una manera de recuperarlo y reconstruirlo.

         En conclusión, la novela Nada de Carmen Laforet no es sólo una cuadro pictórico de la Barcelona de la posguerra es, además, un cuadro del complejo mundo psicológico de algunos personajes perseguidos por fantasmas del pasado y miserias del presente, y de sus luchas por superar sus traumas y neurosis de diferentes maneras. El arte como creación, como placer estético y como lenguaje para comunicar emociones y sentimientos es una forma de “sublimación” que ayuda a Andrea y a Román a canalizar sus frustraciones y ansiedades. El lenguaje narrativo del texto, dominado por la subjetividad y la sensibilidad estética, permite penetrar en el mundo interno emotivo y espiritual de los personajes y revelar sus debilidades y pasiones. Nada es una novela sobre las miserias y las grandezas del alma humana.




Trabajos citados
Barthes, Rolland. S/Z. Blackwell Publishing Ltd.  United Kingdom 1990. BarthesExtract.pdf.
Horrocks, Roger. Freud Revisited: Psychoanalytic Themes in the Postmodern Age. Contributors: Palgrave. New York. 2001. www.questia.com.
Lacan, Jacques. Écrits. A Selection. The first selection in English from the work of Europe’s major freudian psychoanalyst.. Tavistock Publications Limited. USA, 1977. Print.
Laforet, Carmen. Nada. Edición crítica de Ediciones Destino, S.A. Barcelona, 2001. Print.
Ródenas de Moya, Domingo. Nada. Noticia de Carmen Laforet y “Nada”. Edición crítica de Ediciones Destino, S.A. Barcelona, 2001. Print.
Sales, Luis. Reflexiones en torno al concepto de sublimación en Freud. Barcelona, 2009.  https://books.google.com/
Selden, Raman & Widdowson, Peter.  A Reader’s Guide to Contemporary Literary Theory.Third Edition. The University Press of Kentucky, Lexinton, Kentucky, 1993. Print. 
























































































































































Tuesday, March 10, 2015

Poema a Borges

Poema a Borges.

Yo podría haber amado a este hombre sin ojos, 
sin el don de la vista, 
impedido de la lectura 
y del placer de percibir 
el amarillo único de un atardecer en Buenos Aires,
pero con la virtud de ver 
aquello que la mayoría de los mortales videntes
no alcanzamos ni a sospechar. 

Yo podía haber sido su lazarillo, su perro manso, su bastón, 
su cicerone noche y día,
con tal que él, de vez en cuando, 
me susurrara al oído sus visiones,
sus crepúsculos interiores, 
o me describiera el amarillo y el negro de sus sueños. 
Habría sido feliz con ser 
la del cabello rubio
que todavía ansiaron sus manos.


Olga L. Miranda

Friday, February 27, 2015

Soledad (cuento)



Olga L. Miranda


Soledad llevaba varios días sin salir de su apartamento. Era otro domingo de un marzo taciturno que avanzaba lento e intrascendente y ella trataba de adelantar, sin mucho éxito,  en la lectura de su libro favorito del momento. No podía concentrarse en lo que leía, sus pensamientos la llevaban muy lejos. Recordaba, con tristeza, su ultimo viaje a la Isla cuando sus dos amigas de la adolescencia, sumidas en la pobreza, le hablaron de desilusión y depresiones temporales, ¿que podría hacer ella para ayudarlas? Mandarles dinero aliviaría, pero sus problemas eran mas hondos. Aunque, al menos, ellas estaban en su hábitat, dentro de su cultura, tenían su nicho de toda la vida, y eso era una ventaja. Ella, sin embargo, se consumía en la adaptación a un mundo extraño con el que no lograba conectar. No tenia muchos amigos y sus escasos parientes estaban lejos. “Ya no soy de aquí, ni de allá”, pensaba con amargura.

Soledad sintió que estaba deprimida, necesitaba salir, hablar con alguien, escuchar el ruido de la calle y de la gente. Ahora mismo deseaba estar caminado sobre la hierba húmeda y respirando el olor a tierra mojada que dejan los aguaceros en las mágicas islas del Caribe, o nadando en una de aquellas playas divinas de su maltrecho “caimán verde”. Soledad dio una ojeada a su alrededor con desgano y comprobó que su apartamento era un desorden total. Entonces se levantó de la silla, se dirigió hacia la ventana que había permanecido cerrada por semanas y la abrió de par en par con determinación. 

Inmediatamente, la habitación se inundó de suaves rayos de sol de tono anaranjado. “Es la hora dorada”, pensó Soledad. Y enseguida percibió con placer que esa luz la energizaba, cerró los ojos y disfrutó de esa agradable sensación por unos minutos. Miró de nuevo hacia la habitación y sus ojos se detuvieron en los cuadros que estaban sobre la pared justo frente a la ventana. Le pareció ver a las chicas de Modigliani riéndose  y al Arlequín de Picasso saltar del óleo haciendo piruetas. El cactus, casi marchito, se irguió agradecido. Las gatas saltaron del viejo sofá al ventanal enfilando sus hocicos húmedos en dirección a la brisa que comenzaba a colarse a rachas en la sala. Ahora el apartamento lucía menos ruinoso. Había libros esparcidos por doquier, tazas de té medio vacías sobre las mesitas, juguetes de las traviesas felinas regados por el suelo y unas flores desmayadas sobre el jarrón indio. Pero, el efecto de la luz del crepúsculo dotaba a la escena de un equilibrio apacible. Los objetos se agrupaban ahora en una visión que, de conjunto, transmitía una belleza inusitada. Soledad pensó: "Es la armonía del caos. Tal vez sea una buena señal."

En aquel momento Soledad recordó que hacía poco había chateado un par de veces con un muchacho, Sergio era su nombre. Este la había invitado a salir, pero ella no había aceptado porque era un extraño y eso le daba temor. Sin embargo, ahora decidió llamarlo y proponerle dar un paseo juntos. “No todos los internautas amistosos y desconocidos tienen que ser psicópatas. Tal vez el encuentro con este muchacho sea una experiencia positiva, el inicio de una buena amistad… ¿quién sabe?”. Soledad pensaba todo esto mientras tarareaba una vieja canción que gustaba mucho a su madre: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar…”



Mientras Soledad esperaba a Sergio a la entrada de un cine observó a varias parejas de enamorados que abandonaban el lugar abrazados y sintió celos de la felicidad que aparentaban. En esos devaneos andaba Soledad cuando apareció Sergio. Enseguida él la invitó a entrar al cine a ver una película. Ella le dijo que prefería caminar un rato. Soledad no deseaba estar en ningún lugar cerrado, ni tampoco propiciar mucha intimidad. Además, a ella le encantaba deambular por aquel lado de la ciudad con anchas aceras bordeadas por árboles frondosos que sombrean el paseo y parecían escoltar al caminante con noble gallardía. 

El diálogo con Sergio no era muy interesante, el entusiasmo de los primeros momentos empezó a languidecer a la media hora. Pero Soledad percibía que había algo atractivo en Sergio que no podía explicar. El parecía interesado en caer bien a toda costa y se afanaba por avivar la conversación interrogando a Soledad sobre gustos y disgustos. En un momento se detuvo y dijo:

—Estamos cerca de mi casa, tengo un buen vino y también algo de picar. Te invito a que me vengas y así podemos hablar mas cómodos, y además tomar un descanso, hemos dado una larga caminata. ¿Vienes?.

Soledad no pudo negarse, no encontró ninguna excusa plausible. Ya ella había comentado anteriormente que le gustaba el vino y que estaba un poco cansada. “Siempre soy tan extrovertida y digo lo que no me conviene”, pensó con cierta contrariedad. Sergio la había tomado por sorpresa. No le quedo más opción que aceptar  la invitación. No obstante, ella puso una condición. 

—Esta bien iré a tu casa. Pero no estaré mucho rato. Debo regresar temprano, dijo Soledad con actitud irrenunciable.

Ya dentro de la casa del muchacho Soledad se sintió relajada y le gustó el olor que había allí, era olor a hombre. El lugar era acogedor y se respiraba una atmósfera agradable, aunque había cierto desaliño y rudeza en el ambiente. Soledad experimentó una rara emoción de curiosidad y satisfacción a la vez, al percatarse de que se encontraba en el espacio privado de un hombre que vivía  solo. Ella se distrajo unos minutos mirando unas sables japoneses que decoraban una de las paredes de la sala. Sergio se dio cuenta y no perdió la oportunidad de intentar cautivarla contándole la historia de los sables. Soledad empezó a escucharlo con interés, pero de repente dejó de atender a lo que Sergio le estaba diciendo. Eran las manos de Sergio lo que en realidad empezaba a cautivarla. Observó que eran unas manos de hombre hermosas, varoniles, trabajadoras, de color cetrino como su cara. Los dedos eran fuertes y ágiles pero, sobre todo, diestros en acompañar las palabras. Definitivamente había una natural sensualidad e inteligencia en aquellas manos. Tal vez Sergio ni lo sospechaba, y ella claro no se lo iba a decir.   

Soledad ya no podía concentrarse en lo que Sergio le narraba con gran entusiasmo sobre los sables japoneses. A su mente solo acudían imágenes de las manos de Sergio acariciando su espalda o tocando su cara.  Ideas eróticas  comenzaron a agolparse unas tras otras en su mente; la manos de Sergio se hacían mas y mas  grandes e insoportables, ya la abarcaban toda, la dejaban sin aliento. Soledad sentía que todo se volvía borroso, no podía pensar con claridad. 

Soledad se repuso y trató de mantener cierta distancia de Sergio evitando cualquier contacto físico. Aprovechó un momento en que él fue a buscar la botella de vino a la cocina y se cambio del sofá, donde habían estado sentados antes, a la butaca. Presentía que no podría resistir mucho tiempo la proximidad de Sergio. Pero, esa voz interna que nos contradice cuando menos lo necesitamos murmuraba a Soledad: “no lo podrás evitar, ese encuentro será inevitable porque lo deseas.” Ella trataba de ignorar esa provocación de su otra conciencia y, seguir adelante con su plan de mantener todo bajo control. En realidad no sabia bien quién era este muchacho. Por lo tanto no debía dejarse llevar por sus instintos.

Sergio regresó a la sala y mostró sorpresa al ver a Soledad en la butaca, pero, sin hacer comentario alguno, sirvió vino en ambas copas con lentitud. Soledad captó al instante la expresión de molestia en la cara de Sergio. Entonces, ella buscó un nuevo tema de conversación para distraer la atención y evitar alguna pregunta incómoda. Mencionó que el vino estaba exquisito y preguntó dónde lo había comprado. Sergio no desaprovechó la oportunidad de recuperar el terreno perdido, tomó la botella y, con el pretexto de mostrarle lo que decía en la etiqueta acerca de la procedencia y añejamiento del vino, se sentó en el brazo de la butaca, muy cerca de ella. Soledad sintió que la proximidad de las manos de Sergio  a su cara le empezaban a provocar vértigo…le entraron ganas de llorar, de gritar, de salir corriendo. 

Pero, era tarde, Soledad estaba atrapada en aquel extraño encuentro. Todo su ser entraría, a partir de ahora, en otra dimensión del espacio y del tiempo donde la razón no cuenta. 

Temblaba su mano cuando rozó la de él en un gesto accidental, sintió la piel ligeramente áspera allí donde la vida maltrata, pero tibia, firme, osada. Como por instinto, ella trató de rehuir la extraña sensación de agrado y complicidad con aquella mano viril y agitada; mas, los dedos fuertes y seguros de él secuestraron a los suyos, pálidos, fríos, confusos…Se inicio un juego desesperado de palmas que se funden con torpeza deseada. En un abrir y cerrar de sus ojos aquel turbión había crecido como ola en mar revuelto. La mano tibia y firme se hizo voraz; los dedos se tornaron guerreros dispuestos a ocupar más territorio y recorrieron con ternura y desorden esquinas olvidadas y senderos perdidos. Sus manos, ahora febriles, rogaron a las de él complacientes, regar sus flores, rebosar todas las fuentes, inundar todos los ríos. Su diestra, ya sin temblores ni dudas, rodó desbocada cuesta abajo prodigando placeres hasta en el alma....entonces, sin pensar, ella pidió, suplicó que la amara. Súbitamente, las manos de él se volvieron raras, se crisparon, se pusieron tensas y lejanas, y avanzaron lentamente al centro de sus dolores…se detuvieron un momento a comprobar que su corazón aún se desbordaba y acariciaron su cuello de venas inflamadas. Luego, siguieron indiferentes rumbo norte hasta aferrarse tenaces a su garganta. Aquellas manos viriles ahogaron su voz, cortaron de cuajo su respiración y sus ansias; finalmente… las manos de ella se rindieron, copiaron el rictus fatal de la boca, volvieron a ser pálidas y quedaron inertes sobre las de él… y todavía febriles y enamoradas…



Soledad alzó la vista hacia la ventana y notó que la línea del horizonte se hacía difusa, del crepúsculo solo quedaba un brevísimo haz de luz sobre la carátula del libro que había dejado sobre la mesa. La habitación regresaba poco a poco a las penumbras. Las chicas de Modigliani y el Arlequín de Picasso retornaban a su melancolía habitual. Las gatas dormitaban con mágico equilibrio sobre el estrecho respaldar del viejo sofá. A lo lejos, se escuchaba la melodía envolvente de un jazz cincuentero … era Billy Holliday que entonaba por tercera vez su desgarrador “Gloomy Sunday”. Soledad cerró la ventana con un golpe seco, pero todavía siguió escuchando una estrofa de la nostálgica balada: “My hours are slumberless dearest, the shadows I live with are numberless…”



























Saturday, February 21, 2015

La Habana: una ciudad mítica hecha de mar



por Olga Miranda

En 1599, el rey de España Felipe II concede a la Habana el titulo de ciudad, y en 1665 fue aprobado por la reina Mariana de Austria su escudo representativo, en el centro del cual figuraba un llavín de oro que simbolizaba su carácter de “Llave del Nuevo Mundo”. Desde entonces, La Habana, la capital de la Isla mayor de las Antillas, ha sido un universo mítico signado por la belleza e inconstancia del mar, adonde han llegado toda clase de conquistadores y libertadores decididos a poseerla. Esta urbe, barroca, romántica, moderna, mestiza, hispana y americana ha sido imaginada, deseada, liberada y sometida infinitud de veces por diferentes actores de la historia a lo largo de cinco siglos. Fue conquistada primero por España, saqueada después por piratas, y hasta tomada por los ingleses en 1762.  Hoy, la Habana es todavía el mito de miles de cubanos que abandonaron su metrópoli hace muchas décadas y viven añorando regresar algún día a una ciudad que ya no existe.

La capital de Cuba, “la ciudad de las columnas”, -como la bautizo Alejo Carpentier- , es y será una ciudad soñada, codiciada y amada porque, ademas de su fascinante historia y de su riquísima cultura, es una urbe bellísima cuyo signo distintivo es el mar. El mar otorga a la Habana su color, su olor, sus sonidos y su sabor. Es una ciudad sobre un "caimán verde" que parece flotar sobre el majestuoso mar Caribe. Las aguas azules y cálidas de este mar, -que van desde el turquesa de sus playas hasta el mas negruzco en las bahías-, otorgan a la Habana la categoría de ciudad blanca-azul. El paisaje habanero, de tono blanquecino y soleado tiene, como marco natural, la espuma blanca de las olas que bañan la costas y el azul infinito del océano Atlántico. La brisa del mar, el sol del trópico, los vientos alisios y los huracanes perfuman a la ciudad con olor a salitre, a marina, y también traen nostálgicas pestilencias del puerto. En noches de mar revuelto toda la ciudad ruge, y por el día solo se escucha la gritería de vecinos que olvidaron el murmullo de los días de mar en calma. El sabor de la ciudad es la alegría y la hospitalidad de sus gentes que viven, sienten y, sobre todo, parecen bailar y cantar al ritmo del oleaje de sus playas, sin dejar de soñar con una Habana que tal vez si existe.
























Friday, February 13, 2015

Amor a manos llenas

Amor a manos llenas 
por Olga L. Miranda



Temblaba mi mano cuando rozo la suya en un gesto accidental,…sentí la piel ligeramente áspera y callosa allí donde la vida maltrata, pero tibia, firme, osada. Como por instinto, traté de rehuir la extraña sensación de agrado y complicidad con aquella mano viril y agitada, mas sus dedos fuertes y seguros secuestraron a los míos, pálidos, fríos, confusos…,se inicio un juego desesperado de palmas que se funden y muñecas que chocan con torpeza deseada. En un abrir y cerrar de mis ojos aquel turbión había crecido como ola en mar revuelto. La mano tibia y firme se hizo voraz; los dedos se tornaron guerreros dispuestos a ocupar mas territorio y recorrieron con ternura y desorden esquinas olvidadas y senderos perdidos en los mapas. Mis manos ahora febriles rogaron a las suyas complacientes regar mis flores, rebosar todas las fuentes, inundar todos los ríos. Mi diestra, ya sin temblores ni confusiones, rodó desbocada cuesta abajo prodigando placeres hasta en el alma....entonces, sin pensar, pedí, rogué que me amaran. Súbitamente, sus manos se volvieron raras, se crisparon, se pusieron tensas y lejanas, sin saber por qué avanzaron lentamente al centro de mis dolores, se detuvieron un momento a comprobar que mi corazón aun se desbordaba y acariciaron mi cuello de venas inflamadas. Luego, indiferentes, siguieron rumbo norte hasta lograr aferrarse tenaces a mi garganta...aquellos dedos fuertes y seguros ahogaron mi voz, cortaron de cuajo mi respiración y mis ansias; finalmente... mis manos asustadas se rindieron, copiaron el rictus fatal de mi boca, volvieron a ser pálidas, y quedaron inertes, sobre las suyas, y enamoradas.













Saturday, January 10, 2015

UNA HEGEMONÍA RADICAL DE PETRODÓLARES Respetando a los caníbales: Europa es cómplice del fundamentalismo islámico


?Que ha hecho la izquierda Europea ante los hechos de Charlie Hebdo?
?Que ha hecho la sociedad europea con los inmigrantes Islamicos?

"Europa ha islamizado, durante décadas, la sociedad inmigrante"

"Una izquierda que ha enterrado su cabeza todavía mucho más profundamente en la arena que la derecha. No han aprendido: apenas ha dejado de retumbar el eco de los disparos de París cuando una legión de pensadores de izquierda se ha abalanzado sobre Charlie Hebdo para denunciar que caricaturizar a Mahoma es racista y xenófobo y se burla de los débiles"

Recomiendo este articulo de Ilya Troper. El mismo aporta un analisis mas complejo sobre el tema del terrorismo Islamico al extender la mirada hacia el problema del multiculturalismo, la religion, la educacion, la inmigracion, y la globalización, en las sociedades modernas. El este y el oeste, y sus historias de confrontación y exclusion reactivan la mentalidades del odio, y el fanatismo. Parece que se aleja la posibilidad de convivencia armónica entre esos dos mundos. Como diria Foucault, "las microfisicas del poder", invisibles, pero aterradoramente subyacentes y rumiantes de sus odios y sus miedos, preparan sus venganzas y amenazan la humanidad del hombre. Es un articulo de analisis profundo sobre lo que esta detras de los hechos.





Ilya U. Topper. Estambul. 01/10/2015
elconfidencial.com

No han entendido nada. Los cientos de miles de patriotas, así se llaman ellos, Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente, Pegida, no han entendido nada. Los menciono porque son el último grito en Alemania donde han reunido a decenas de miles de manifestantes en un par de meses. Pero lo mismo podríamos hablar del Frente Nacional de Francia o, simplemente, de esa marea de comentarios que usted se encontrará si se asoma a cualquier foro de internet español donde se mencionen las palabras “inmigración” o “islam”.
Lamentablemente, quienes se apresuran a salir a la calle en contramanifestaciones, normalmente respaldados de boquilla por los gobiernos, para pedir respeto, tolerancia, aceptación de otras culturas, han entendido todavía mucho menos.
Sí: el islam también es el policía Ahmed Merabet que murió por defender a los dibujantes de Charlie Hebdo. Al igual que el cristianismo es el cura rojo de un arrabal de Madrid y el arzobispo de Granada
Los doce muertos de Charlie Hebdo en París ya no dejan duda: el islam es un problema en Europa. Es muy fácil, y desde luego es señal de buena voluntad, asegurar que los asesinos eran simplemente asesinos, y no tienen nada que ver con el islam, porque “el islam no es eso”. Pero de nada sirve. El islam es eso y es lo contrario.
Sí: el islam también es el policía Ahmed Merabet, que murió por defender a los dibujantes de Charlie Hebdo. Al igual que el cristianismo es el cura rojo de un arrabal de Madrid y el arzobispo de Granada. Como el judaísmo es Abraham Serfaty y aquel rabino que decretó lícita la exterminación de niños palestinos. Como cualquier religión, “el islam” no existe. El islam no es más que la suma de lo que piensan en un momento concreto de la historia quienes se reconocen musulmanes.
Y el problema que tiene Europa hoy es lo que piensan los musulmanes de este continente.
Europa es responsable
Es un problema de Europa y es la responsabilidad de Europa. Los asesinos de los periodistas (si se confirman las sospechas de la policía) son franceses. Nacidos en París. Con apellido magrebí, sí: sus padres proceden del norte de África. Pero esto no disminuye en absoluto la responsabilidad del Gobierno de Francia: estos asesinos pasaron por el sistema educativo francés.
Decir que la culpa la tienen sus padres es no sólo hipócrita (para eso se inventó la enseñanza obligatoria: para asegurarle al Estado control sobre lo que aprenden los niños) sino además es falso. La generación de magrebíes que llegó a Francia hace medio siglo no era islamista ni violenta ni lo es hoy. Hicieron lo posible por integrarse. Son sus hijos y nietos, europeos de toda la vida, quienes han hecho de un cierto islam violento su bandera. Ocurre lo mismo en Inglaterra (vean el atentado del metro de 2005: tres de los cuatro terroristas habían nacido en Reino Unido; uno era converso de Jamaica).
Esta es la responsabilidad de Europa, y no puede sustraerse a ella. Los “patriotas” de derechas están metiendo la cabeza en la arena cuando denuncian la inmigración como causa de los males: ni fueron violentos los musulmanes que llegaron a Europa hace dos generaciones, ni lo son los que llegan hoy. No existe un flujo de yihadistas de Siria, Marruecos o Iraq a Europa. Existe un flujo de yihadistas de Francia, Alemania, Inglaterra, España, Austria hacia Siria. Europa no importa terroristas islámicos: los exporta.
Pedir cerrar la puerta a la inmigración musulmana como hacen tantos “patriotas”, equivale a cerrar las ventanas de una casa para combatir el mal olor de las cañerías.

Concentración en Frankfurt en tributo a las víctimas del ataque contra 'Charlie Hebdo' (Reuters).
La metamorfosis
Y son ellos, los “patriotas” de derechas, esos que se manifiestan con una gran cruz para mostrar su oposición a la “islamización de Occidente”, ellos y sus mayores, quienes tienen la culpa que esto sea así. A los magrebíes y turcos que llegaron a Europa en los años sesenta y setenta no les faltaba voluntad de integrarse; explotados como mano de obra barata, les faltaban medios. Empezando con un punto clave: el aprendizaje del idioma. Quizás no hicieron suficiente esfuerzo. Pero no debe olvidarse que cierto racismo de la población (un racismo corriente, dirigido contra cualquier obrero de origen campesino, moreno, turco, magrebí, siciliano o andaluz) les puso un muro adicional, les cerró las puertas, les hizo entender que no eran bienvenidos.
Se replegaron. Ignorantes en todo a lo que se refiere al islam o a la cultura intelectual, literaria, de sus países de origen, criaron a sus hijos en un ambiente suspendido entre dos mundos, sin pertenecer a ninguno. Y también sus hijos se dieron cabezazos contra este muro: hasta hoy, tener un apellido magrebí en Francia hace desplomarse las oportunidades en el mercado laboral.
Se quedaron, pues, en el barrio. Viendo la televisión. Esa televisión que algún día empezó a poblarse, por obra y gracia de la parabólica, con predicadores vestidos de blanco que se dirigían a “los musulmanes”. A ti, sí: a ti. Tu vida tiene sentido ante Dios y la historia, les dijeron, si cumples las leyes divinas y garantizas que tu hermana no se pasee con hombres blancos. Que no se pasee con hombres, vaya.
Así se fue creando el gueto. Un gueto en el que se ha ido cristalizando una extraña cultura que guarda recuerdos de la gastronomía magrebí o turca, pero que se ha modelado según el ideario del islam que han difundido los telepredicadores y los imames del barrio. Estos imames que en han ido apareciendo por doquier, sin que se sepa siempre muy bien quién les paga el salario.
Saudíes en la M-30
En la Mezquita de la M-30 de Madrid lo sabemos, porque colocan orgullosos la foto del rey de Arabia Saudí en sus oficinas. En Alemania, la Diyanet, el Ministerio de Religión de Turquía, tiene bajo control gran parte de las mezquitas. Digo bien: control. Ankara envía supervisores que cambiar regularmente para impedir que se “contaminen” con ideas europeas. Y si bien el islam oficial en Turquía tiene que andar con pies de plomo, por respeto a la Constitución laica del país, en Alemania, un país que no es laico, no tiene cortapisas: puede difundir sin ambages la ideología de sus dirigentes, que los intelectuales turcos califican de “islamismo radical”. Y que los europeos siguen llamando “islam moderado”.
Europa ha fomentado de forma activa y continua, de forma criminal, las corrientes más extremistas del islam, financiados desde Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y sus vecinos gracias a la marea del petróleo
Moderado en comparación con los asesinos de París, querrán decir. Porque para los europeos, todo islam que no es directamente asesino es “moderado”. Ya puede ser todo lo violento que quiera: predicar el velo obligatorio para las mujeres, a medias o integral, decir que mujeres y hombres no deben tocarse, que las niñas no deben aprender música, que ser gay es malo para la salud, que hay que prohibir toda obra literaria o humorística que cuestione lo “sagrado”, que las leyes del Corán son inmutables, divinas y deben estar por encima de la legislación de cada país...
Un predicador islamista puede decir todo esto y más y será cortejado por ministros y presidentes que harán cola para debatir con este portavoz del “islam moderado”. Muchos de estos predicadores habrían ido a la cárcel en Marruecos o Siria por su discurso de incitación al odio, pero Europa les ofreció no sólo asilo sino una tribuna, un debate, el puesto de presidente del consejo oficial de musulmanes, el título de Honorable Caballero y orden de la Reina.
Sí: Europa ha fomentado, no sé si a ciegas o a conciencia, pero de forma activa y continua, de forma criminal, las corrientes más extremistas del islam, financiados desde Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y sus vecinos gracias a la marea del petróleo. Desde las cúpulas del gobierno hasta el último alcalde, se ha elevado a los imames, los teólogos, los predicadores al rango de representantes de los colectivos de origen magrebí, turco o pakistaní. Un rango que nunca tuvieron en sus países originales, un poder que sólo pudieron adquirir gracias a la complicidad de las administraciones europeas. Por doble vía: por elegirlos como representantes y por cerrar a estos colectivos toda otra vía de expresarse.

Un niño juega durante el rezo en la Gran Mezquita de Estrasburgo durante el Ramadán de 2013 (Reuters).
La náusea del multiculturalismo 
Cuando al periodista alemán Günter Wallraff le ofrecieron ser miembro del consejo musulmán local (gracias a su larga trayectoria de defensa de los inmigrantes turcos) aceptó con la condición de leer en la mezquita los “Versos Satánicos” de Salman Rushdie y debatir sobre los límites del arte frente a la religión. No hubo manera. Más tarde intentó que firmasen una declaración contra la lapidación de una mujer iraní. Tampoco.
Y con estos antecedentes hay quien sigue aplaudiendo que las mezquitas en España sirvan de lugar de reunión social y organicen comidas o talleres, en lugar de buscar a los inmigrantes un espacio donde pudieran reunirse lejos del control de los imanes, lejos de sus discursos excluyentes, lejos de frases tipo: "No pueden entrar las mujeres que tengan la regla".
Con estos antecedentes hay quien sigue aplaudiendo que las mezquitas en España sirvan de lugar de reunión social y organicen comidas o talleres, en lugar de buscar a los inmigrantes un espacio donde pudieran reunirse lejos del control de los imanes, lejos de sus discursos excluyentes
Europa ha islamizado, durante décadas, la sociedad inmigrante, religiosamente indiferente, que recibió. En plena complicidad con los jeques árabes y sus imperios mediáticos. Los gobiernos han envuelto su actitud en un neologismo venerado hasta la náusea: multiculturalismo. Una hermosa palabra para expresar el racismo de toda la vida. El racismo que preconiza la separación de “lo nuestro” y “lo de ellos”. Sí, también los manuales oficiales nazis decían que todas las razas tenían igual valor, sólo que no conviene mezclarlas. Hoy tenemos valores europeos, sólo aplicables a los blancos de tres generaciones, y hay valores de “ellos” que deben respetarse en “sus comunidades”.
Que más nos da que ellos fuercen a sus mujeres a taparse, qué más nos da que en sus barrios amenacen de muerte a cualquiera que venda alcohol, que más nos da que en sus familias dirimen matrimonio y divorcio según diga el imam. Son ellos, la sociedad es multicultural: respetamos el derecho de cada imam y de cada matón de barrio a oprimir a sus fieles, a castigar a sus hermanas, a imponer su machismo como vea bien. Eso se llama tolerancia. Lo de la tolerancia cero solo es cuando la violencia afecta a las mujeres nuestras.
¿Humillando a los débiles? ¿En serio?
Esto es lo que ha defendido, da vergüenza admitirlo, la izquierda europea. Una izquierda que ha enterrado su cabeza todavía mucho más profundamente en la arena que la derecha. No han aprendido: apenas ha dejado de retumbar el eco de los disparos de París cuando una legión de pensadores de izquierda se ha abalanzado sobre Charlie Hebdo para denunciar que caricaturizar a Mahoma es racista y xenófobo y se burla de los débiles.
Los débiles: como si el islam en Europa fuera la religión de los débiles. No lo es: ese islam que defienden los predicadores europeos, ese de las mezquitas de ostentación, sea la de la M-30 o sea la que pretenden construir en Colonia, de débil no tiene nada. Es la religión de varias monarquías bañadas en oro negro, países cuyos dirigentes son los dueños de Harrods y parte del resto de Londres. Países con dinero suficiente como para financiar cadenas satélite, universidades con becas para todos (a condición de convertirse al islam) y milicias cortacabezas por medio Oriente.
Seguramente también han financiado el mejor gabinete de relaciones públicas del mundo, si la izquierda europea cree que una revista satírica francesa al borde de la quiebra estaba humillando a “los débiles” cuando esta revista desafió la prohibición de dibujar a Mahoma, prohibición que no existe en el islam y de la que nunca han sabido nada los obreros magrebíes o turcos, hasta que no la proclamasen urbi et orbi los teólogos saudíes.

Imagen de una edición especial del semanario francés 'Charlie Hebdo' (Reuters).
Tristemente, nada hace presagiar que los disparos contra Charlie Hebdo vayan a despertar las conciencias europeas. Ya en el editorial conjunto que seis diarios europeos publicaron al día siguiente, se repite tres veces la palabra “Europa” en alusión a la defensa de la libertad de expresión. Como si más allá de sus fronteras no hiciera ninguna falta defenderla: allí no la necesitan, esa libertad, allí son musulmanes de todas formas, es el mensaje.
Bajo este prisma, la derecha vociferará más que antes contra “los inmigrantes”, enarbolará más alta aún la cruz del “Occidente cristiano”, como si el Renacimiento y la Ilustración hubiesen sido posibles sin siglos de ciencia y filosofía árabes, como si Europa no fuera en su integridad un resultado de aquella civilización histórica que hoy llamamos islámica. Como si la Biblia y los mandamientos de la Iglesia fueran un ápice mejor que los del Corán.
El islam ya es wahabí
Y la izquierda probablemente desgastará sus últimos cartuchos de tinta en intentar convencerse a sí misma de que luchar contra siglos de opresión eclesiástica y contra los coletazos de la reciente dictadura nacionalcatólica es justo y necesario, pero que el islam de los saudíes es diferente, exótico, intocable, digno de todo respeto como cualquier rito de una lejana tribu caníbal. Mientras se coman entre ellos.
La izquierda probablemente desgastará sus últimos cartuchos de tinta en intentar convencerse a sí misma de que el islam de los saudíes es diferente, exótico, intocable, digno de todo respeto como cualquier rito de una lejana tribu caníbal
Esa oleada de islamización saudí no sólo ha alcanzado Europa (y América) sino también a los países que llevan siglos siendo musulmanes. Ya ha practicamente conseguido reemplazar en la conciencia pública la religión que alguna vez se llamaba islam con su ideología particular, la wahabí. Tanto que he dejado de emplear el término "secta wahabí” en este texto y hablo del islam a secas: todo lo que usted ve y se llama “islámico” es ya wahabí.
Este proceso se acelera gracias a Europa: los franceses y belgas de origen marroquí son quienes llevan a Marruecos el ideario radical aprendido en sus guetos. Y fue una española, Marisol Casado, quien criticó a Turquía por no incluir chicas con velo en su vídeo de candidatura olímpica. Europa quiere que las musulmanas lleven velo. Para que se vea que son diferentes. Que no son mujeres sino musulmanas.
Europa, sus gobiernos, sus pensadores, sus demagogos, son el aliado necesario para los dirigentes de la hegemonía islamista financiada con petrodólares cuyo objetivo es convertirse en dueños absolutos de esa sexta parte del globo habitado por musulmanes, o personas forzadas por ley a considerarse musulmanes. Dueños absolutistas, por encima de las críticas, las parodias, las sátiras y las consideraciones de derechos humanos.

Esto no tiene nada que ver con una islamización de Occidente. Europa no es víctima. Es cómplice. 

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