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Wednesday, June 10, 2015

Una aproximación posmoderna a “El huésped”

por Olga L. Miranda


"Because the goal of literary work is 
to make the reader no longer a consumer, 
but a producer of the text" 

Roland Barthes (4)


       La novela El huésped (2006), de la escritora mexicana Guadalupe Nettel (1973), no ha recibido aún mucha atención de la crítica literaria especializada. A pesar de que obtuvo el tercer lugar al Premio Herralde de Novela (2005) y fue publicada por la editorial Anagrama, no existen muchos trabajos que ofrezcan un análisis crítico sobre sus méritos estéticos. Este ensayo se propone precisamente identificar los valores literarios de esta novela explorando aquellos aspectos que la sitúan dentro de la narrativa posmoderna. Para lograr este propósito, se analizarán los principales núcleos temáticos del relato y aspectos de su estructura interna y de su lenguaje. Según el Diccionario de la lengua española,  posmodernismo es un “movimiento cultural que, originado en la arquitectura, se ha extendido a otros ámbitos del arte y de la cultura del siglo XX, y se opone al funcionalismo y al racionalismo modernos” (DRAE, 2014). Aunque se considera que surgió en los Estados Unidos y en Europa a mediados del siglo pasado, se reconoce que tiene representantes en Latinoamérica e incluso que “ the movement actually originated in Latin-America - especifically - with Borges” (Smith 500).
      El tema central de la novela es la historia de Ana, quien narra, en primera persona y de manera lineal y retrospectiva, vivencias de su niñez, de su adolescencia y del tránsito hacia la vida adulta. Durante esta evolución la protagonista entra en conflicto con su identidad y trata de adaptarse a la sociedad y a sus normas. Esto ha llevado a considerar a la novela dentro del género de formación o de iniciación (González 22). 
      La trama del relato se basa en que Ana oculta un terrible secreto. Ella se siente habitada por un doble interno, una especie de “otro yo” que llama “La Cosa”. Su vida transcurre entre la negociación y el conflicto con ese ser extraño y rebelde que trata de controlar su mente, sus emociones y su conducta; y que un día podría llegar a destruirla. La historia transcurre en áreas céntricas de la ciudad de México y está estructurada en tres partes. En la primera, Ana es una niña solitaria que desarrolla su vida en el ámbito familiar y escolar dentro de un estilo de vida burgués donde reina la incomunicación y la simulación. Sin embargo, ella adora a su hermano Diego. Un día Ana descubre que Diego tiene una extraña marca en su brazo. Ella se aterroriza y piensa que “La Cosa” lo mordió e interpreta la marca como una especie de tatuaje con un mensaje que ella debe descifrar. Diego muere cuando Ana tiene diez años, poco después el padre desaparece. Ella vive desde entonces con sentimientos de culpa por la muerte del hermano y siente que “La Cosa” la domina cada vez más. Durante un tiempo, Ana se dedica a “almacenar recuerdos visuales” y a explorar el mundo de las personas ciegas pues intuye que perderá la vista. En la segunda parte, Ana comienza a trabajar de lectora en un instituto de invidentes donde conoce a Cacho quién es lisiado de una pierna. Él pide limosnas en la calle y dirige una red de mendigos. Cacho introduce a Ana en el mundo marginal y subversivo de la ciudad de México. Ana se da cuenta que la megalópolis mexicana también tiene su doble. En el submundo del metro conoce a Madero, otro líder de la red, quién le habla sobre la ideología del grupo. En la última parte, Ana se involucra en una acción política con Marisol, quién es amiga de Cacho. Esta es atrapada por la policía y muere. Ana siente culpa pues piensa que traicionó a la amiga. Ella necesita justificarse ante Cacho por lo sucedido y lo visita en su apartamento. Allí descubre otra cara de este personaje y tiene sexo con él. En la mañana, Ana sale a la calle, se dirige al metro, siente paz y armonía interior, percibe el “escalofrío” de “La Cosa” a su lado y piensa que ya nunca volverá a su vida anterior.
      El hecho de que la historia se centre en el drama existencial de un personaje que está atrapado en una subjetividad individual escindida y neurótica y que, además, trate de insertarse sin mucho éxito en escenarios sociales opuestos y paralelos conduce a asumir la narración como un relato subjetivo y complejo que requiere varios planos de análisis. Las teorías críticas literarias post-estructuralistas  y posmodernistas brindan apropiados instrumentos conceptuales y metodológicos para analizar este tipo de texto introspectivo y polisémico que se aparta del realismo y del racionalismo. Los pensadores de estas corrientes han caracterizado este nuevo tipo de literatura teniendo en cuenta diferentes aspectos del texto literario. En el libro de R. Selden y P. Widdowson, “A Reader’s Guide to Contemporary Literary Theory” se ofrece un análisis exhaustivo de los conceptos fundamentales de los autores más representativos de estas teorías. 
      Resumiendo las ideas principales desarrolladas por Selden y Widdowson en los dos capítulos dedicados a estas corrientes podemos afirmar que la literatura posmodernista se caracteriza, por un lado, por un grupo de temas y, por el otro, por un grupo de técnicas narrativas que se expresan en su estructura y en su lenguaje. En el primer caso, la mayoría de los representantes de esta perspectiva teórica incluyen dentro de los temas posmodernistas: el desencanto e incertidumbre del hombre actual (“loss of credibility of grand narratives” de J-F. Lyotard ), la simulación (“the loss of the real” de J. Baudillard), la fragmentación del sujeto y su búsqueda de identidad ( J. Lacan “language and unconscious”) ; y la crítica a las instituciones sociales de control (“discourse and power” de M. Foucault ). 
      En relación al segundo aspecto, los autores posmodernistas han señalado: el carácter abierto y ambiguo de los textos ( rupturas del tiempo) (“el texto plural” de R. Barthes),  el uso de un lenguaje subjetivo, simbólico y connotativo (monólogo interior, metáforas, prosa poética) (R. Barthes, J. Lacan, J. Kristeva ) y la recurrencia a la ironía y a la parodia para desmistificar valores tradicionalistas y estereotipos ( L. Hutcheon ). Explicar de que manera estos rasgos están presentes en la novela de Guadalupe Nettel es el objetivo de este ensayo. 
      La novela El huésped refleja los temas de la posmodernidad y expresa ese sentimiento de soledad y vacío que caracteriza al sujeto postmoderno. La incertidumbre y el desencanto expresados en sentimientos de miedo, inseguridad, tedio y pesimismo están presentes en El huésped y también son estados emocionales que marcan el tono de la narración de principio a fin. Por ejemplo, Ana es una niña asocial y rara. Eso se nota cuando ella auto reflexiona sobre su infancia: “No tenía amigos, ni en la escuela ni en el barrio. Por miedo a sentirme descubierta,…” (19). Ella vive encerrada en su mundo interior fragmentado por una duplicidad incontrolable que la hace actuar de manera irracional y violenta en algunas ocasiones al punto que llega a agredir a una amiga de la escuela y a cometer un acto de voyeurism hacia su hermano. Es por ello que el miedo y la incertidumbre son sentimientos casi permanentes que perturban el sueño de Ana y afectan sus relaciones con los demás. Ella nunca sabe cuando ese ser extraño aparecerá y controlará sus impulsos, eso la hace aislarse o interactuar con los demás con desconfianza y agresividad. El tedio es un estado de ánimo que persisten en la protagonista desde la niñez hasta la edad adulta. Esto se aprecia, por ejemplo, cuando Ana reflexiona para sus adentros: “Miré hacia la ventana: la tarde empezaba a caer. Voy a salir de aquí muy pronto, pensé. Bastará con cruzar el parque para llegar a la casa y todo seguirá como siempre, la misma rutina, el mismo tedio.”(59). El relato también trasmite un tono existencialista que parte de la conciencia de que la vida es intrascendente y efímera, lo cual se refleja en ese sentimiento de vacío y soledad entre la multitud que muchas personas experimentan en las grandes ciudades. Así lo expresa la protagonista cuando medita con actitud filosófica: “Tomemos la postura que tomemos, algo es seguro: existir es desmoronarse” (174). Lo mismo se sugiere con la siguiente reflexión: “En la ciudad, las calles están llenas de casas, anuncios, gente y sin embargo, tan vacías, pintadas de ese moho percudido que lo impregna todo” (174).
      El tema de la simulación está muy presente en la novela y determina el tono irónico de la narración. La simulación es algo que caracteriza a las sociedades modernas dominadas por el consumismo y las tecnologías mediáticas. Jean Baudrillard desarrolló ampliamente este concepto y lo definió como “the loss of the real” (Selden, Widdowson, 180). El estilo de vida de la familia de Ana está basado en el simulacro y la hipocresía. Cuando ella describe a su familia al inicio de la narración comenta con ironía: “Todas las familias practican la hipocresía y nosotros alcanzamos en ese deporte verdaderos momentos de virtuosismo.” (24). En muchas ocasiones en el relato Ana usa el verbo “fingir” para describir el tipo de conducta que ella manifiesta en sus interacciones con los demás y que los otros manifiestan hacia ella. Pero el pasaje de la novela que mejor representa eso que Baudillard llamó “simulacro” es el de los funerales de Diego. Ana los describe así: “Desde el pasillo del velatorio vi llegar a los tíos conocidos y a la infinidad de parientes que jamás fueron a la casa ni antes ni después de esa vez. ¿De donde sacó la abuela esa flota de gente con el mismo apellido, esa familia de repuesto, esos tíos inflables para casos de emergencia? Desde el marco de la puerta donde me apoyaba, enfundada en un vestido azul marino de manga larga, la odié y la maldije con insultos inventados en ese momento por atreverse a despojar a Diego de su propia muerte (43). Es una escena de gran patetismo porque, además, Ana se siente parte de un espectáculo que no refleja sus sentimientos, ni tiene nada que ver con la personalidad real de su hermano.  
      La fragmentación del sujeto y la búsqueda de identidad son coordenadas sicológicas que subyacen en la trama de la novela. Este es uno de los temas favoritos de los pensadores posmodernistas. Roland Barthes y Jacques Lacan, por ejemplo, desarrollaron la teoría de la subjetividad del lenguaje tenido en cuenta la idea del psicoanálisis de que el inconsciente forma parte de la subjetividad del individuo y de su identidad definida en su relación con el “Otro” (Selden, Widdowson, 138). Se puede afirmar que la novela es una alegoría sobre el drama humano de la búsqueda de identidad en la sociedad moderna. Ana es una chica con una personalidad doble y con una subjetividad fragmentada desde ese “Otro” interno que no la deja ser. El conflicto, que vive la protagonista, entre una identidad externa y aparente que trata de mostrar a los demás y otra interna, oculta y extraña e irracional que la domina desde el inconsciente la hace sentirse sola y angustiada aún cuando está rodeada de personas e incapaz de conectar sinceramente con ellas. Ana actúa por negación y no por afirmación y aceptación de valores morales en los que realmente ella crea. Todo esto provoca, además, que su sexualidad este reprimida y silenciada debido a la constante ansiedad e inseguridad que le causa el hecho de tener que existir dentro de una identidad incoherente. Al referirse a su sexualidad Ana expresa: “Es una imposibilidad, una impotencia, tal vez una opacidad en la mirada que no deja ni salir ni entrar a ese insecto inasible” (187). Baudrillard dejó claro que este es un rasgo del sujeto posmoderno cuando señaló en El otro por sí mismo que “la incertidumbre de existir y, de rebote, la obsesión por demostrar nuestra existencia, prevalecen sin duda hoy sobre el deseo típicamente sexual. Si la sexualidad es una puesta en juego de nuestra identidad (…) ya no estamos exactamente capacitados para dedicarnos a ella…” ( n/p ). El diagnóstico que ofrece Baudrillard sobre el problema de la sexualidad en la sociedad posmoderna describe el trauma que sufre Ana en este sentido.
      El mundo que rodea a la protagonista de “El huésped” también es dual y fragmentado. La ciudad está dividida en el mundo de arriba, rutinario y consumista, sin mucho que ofrecer a Ana, y el submundo de abajo con sus espacios oscuros donde reina la violencia, la pobreza; y donde la marginalidad grita su derecho a ser reconocido con sus grafittis en la paredes del metro. Ana percibe todo esto y lo expresa así: “Yo, que desde hacía tantos años llevaba un parásito dentro, lo sabía mejor que nadie, también la ciudad se estaba desdoblando” (175). Esta referencia a la ciudad es muy reveladora sobre la presencia en la novela de rasgos de la posmodernidad en las sociedades latinoamericanas. Julio Ortega en su libro El principio radical de lo nuevo. Postmodernidad, identidad, y novela en América Latina” señala: “Las ciudades latinoamericans son espacios superpuestos de la posmodernidad. El autor menciona como rasgos de estas urbes: la duplicidad y esa “dividida urbanidad del desamor citadino”. Luego al ejemplificar afirma: Ese fervor, de pronto, es una libertad del habla congregada en el metro de México” (49). Al concluir el párrafo Ortega se refiere a la importancia de “explorar la idea de la ciudad latinoamericana como el diagrama de la comunicación que nos humaniza” (49). Es decir, que El huésped refleja en su contenido problemas claves de las sociedades latinoamericanas. 
      No solamente la ciudad, también la familia, la escuela, el instituto de ciegos, todas las instituciones sociales son percibidas por Ana como objetos duales. Ella siente que todas tienendos vidas; una real basada en la simulación, y otra falsa que tratan de mostrar para dar una imagen de verdad y de orden. Los amigos de Ana también tienen una doble vida.  En este sentido es muy ilustrativo lo que sucede al final de la historia cuando ella visita a Cacho en su apartamento. Ella sufre una gran decepción al descubrir que el no es lo que parecía. Ella le dice: “No pensé que se pudiera vivir tan bien de la limosna”(181). Más adelante, cuando Cacho le dice que Marisol fue quién pintó la cocina, Ana recuerda a la amiga y piensa: “Entonces ella consentía que el Cacho viviera como un pachá. Ella que siempre vigilaba la equidad en el grupo no sólo había aceptado ese abuso sino que había colaborado.”(182) Es decir, que todos esos “héroes” urbanos que Ana admiraba pensando que sostenían una lucha desinteresada por la justicia también eran puros fetiches. 
      El pensamiento posmodernista desmitificó a las instituciones de poder y al discurso que las legitima; este espíritu subversivo está presente en la novela. En “Vigilar y Castigar” Michel Foucault demuestra el carácter controlador y represivo de las escuelas, los hospitales y las cárceles que fueron diseñadas desde el paradigma racionalista de la modernidad. En El Huésped está presente esta actitud crítica. Por ejemplo, Ana a veces usa un lenguaje peyorativo para referirse al instituto de ciegos y lo llama “manicomio”. En el diálogo que la protagonista sostiene al final con Lorenzo, el muchacho ciego que escapó del instituto, se pone en evidencia la crítica a la institución de invidentes como un lugar donde se domestica a los ciegos y no se les enseña a ser realmente seres sociales activos y participativos. Lorenzo le dice a Ana refiriéndose al instituto: “Nos obligan a adoptar un comportamiento uniformado, que nos hace apacibles, pero ¿que sucede con nuestra verdadera personalidad? Se queda ahí, contenida, esperando el momento de salir a la luz, aunque sea en un ataque de nervios”(177). Este diálogo es muy revelador dentro de la narración porque significa una especie de mensaje subliminal para Ana. En esencia Lorenzo le dice a Ana que sea ella misma y no se deje manipular. En otros pasajes se hacen críticas de manera explicita a la sociedad en general, a la ciudad y su decadencia, a la escuela y a la familia patriarcal burguesa con sus falsos valores morales.       No cabe dudas que El Huésped es una fotografía a todo color de las contradicciones sociales que condicionan el drama existencial del hombre contemporáneo..
      Respecto al segundo aspecto de nuestro análisis se puede afirmar que la estructura narrativa y el estilo del lenguaje de la novela de Nettel encajan perfectamente en eso que Barthes llamó “texto plural y abierto”. Todos los rasgos que se consideran propios del texto literario postmodernista y, que fueron mencionados anteriormente, están presentes en el texto. La ambigüedad del lenguaje es una de las características más notables. Cuando Brian McHale define los rasgos de la novela posmoderna en su ensayo What was Posmodernism? destaca lo siguiente: “We fall into characters’ hallucinations and fantasies, often without knowing that we’ve done so until much later; we mistake subjective realities for the outside world” (n/p). Este aspecto se aprecia con claridad en varias escenas cuando Ana sueña o tiene alucinaciones (durante el tiempo que estuvo enferma). En esos momentos el discurso narrativo se torna difuso y ambiguo, no resultan claros los límites entre la realidad y la fantasía, lo consciente y lo inconsciente; las imágenes son surrealistas. Por ejemplo, refiriéndose al canto de las ballenas que imaginaba en su dormitorio ella reflexiona: “¿Pero que iba a hacer un animal así cantando en la habitación? Si yo soy el mar, me dije, puedo escuchar a cualquiera de mis peces. Pero, a diferencia de la playa anterior, ese ruido era tan real como el despertador y los faros de los coches, y también era real su tristeza.”( 82). Más adelante continua: “(…) era un quejido prehistórico de soledad y estaba dirigido a mi persona.”( 85). El uso aquí de metáforas otorgan lirismo a la narración pero también un carácter subjetivo, emotivo y difuso.
      Brian Mchale añade otros dos rasgos de la novela posmoderna cuando dice: “Interior monologue is one marker of the novel’s modernism. Another is bits dislocation of time” ( n/p ). “El huésped”  es un monologo interior retrospectivo de Ana sobre su niñez, sus primeras experiencias en el instituto de ciegos y otras vivencias. Las rupturas del tiempo, como momentos en que el relato pierde el sentido lineal y los hechos narrados no obedecen a un orden cronológico, son frecuentes en la novela. Por ejemplo, en la primera parte de la narración Ana se refiere a la muerte del hermano en diferentes momentos, pero a continuación vuelve a hablar de él como si todavía estuviera vivo. En la página 34 ella dice: “Que alguien muera tan joven como lo hizo Diego es, además de una desgracia, un enorme desperdicio.”. Más adelante se refiere a él de nuevo y declara: “ Sin decir una palabra, observaba su palidez creciente y la opacidad de su mirada. Sabía que al volver de la escuela sus cuadernos estaban siempre en blanco.”(35) . En el siguiente párrafo de nuevo asegura que está muerto: “Verlo muerto me causaba una rabia indescriptible” (35). En la parte final hay otra una dislocación del tiempo al tal punto que se hace casi imposible determinar la secuencia de las acciones relacionadas con el despertar de Ana después de tener sexo con Cacho. Entre las páginas 184 y 187 ella narra ese despertar tres veces consecutivas y todas son diferentes. No sabemos si algunas las soñó, las imaginó, realmente ocurrieron en la historia o si en unas se refiere a “La Cosa” y en otras a ella misma.
      El simbolismo del lenguaje a través  del uso de metáforas, símiles y frases poéticas es un rasgo de la subjetividad del lenguaje que otorga lirismo a la narración. Por ejemplo, esto se aprecia en la página 175 cuando se usa un símil para describir el horror en los ojos de Madero: “enormes y abismales como las ventanas de un rascacielos apuntados hacia la noche.” También hay muchas frases poéticas como: “La ciudad que elegimos ver es una fachada hueca que cubre los escombros de todos nuestros temblores”(175). Cuando Ana recuerda su niñez en la escuela dice: “Los recreos habrían sido un hueco oscuro a medio camino hacia la salida de las clases” (28). En otro momento se refiere a sus sentimientos por la pérdida de su hermano y expresa: “La casa sin Diego era una feria abandonada”(45), “la resignación se fue apoderando de mí como un otoño interminable” (47). En otra parte, refiriéndose al padre  expresa: “Dejó el comedor arrastrándose por la pared para no pisar el charco de ausencia”(47). Estas descripciones usan un lenguaje surrealista ( al estilo del realismo mágico) que otorga visualidad al relato y apoyan su contenido dramático.
      La ironía es uno de los aspectos más recurrentes en la narración. Este elemento estilístico aporta humor negro y sarcasmo haciendo ver a algunos personajes en su decadencia y falsedad. Por ejemplo, cuando Ana describe a su madre dice: “Sentada ahí con esa mueca de tensión en sus labios transparentes, mi madre encarnaba a todas las mujeres que había visto en el cine, las series de televisión, las novelas decimonónicas que nos hacían leer en la escuela. La miré extrañada como se observa a un ser ancestral, un fósil o una ruina”(46). Ana también usa el sarcasmo para burlarse de ella misma cuando dice: “yo me iría de ahí con una sonrisa estúpida, sin haber descubierto nada” (58). Asimismo, ella se mofa de personajes engolados y oficialistas cuando describe su entrevista con la secretaria del instituto de invidentes. Ella relata que los muebles son de los años cincuenta y huelen a humedad; entonces al describir a la señorita Vélez dice: “Su peinado era también anticuado y combinaba perfectamente con el resto de la oficina” (59). La ironía cumple muy bien esa función, de la que han hablado los posmodernistas, de ser una crítica a las conductas estereotipadas y falsas. Este elemento ayuda a establecer un balance entre un tono dramático predominante y otro de comicidad que está latente. 
      El final de “El huésped” muestra todos los rasgos que hemos analizado hasta aquí. Ese pasaje  final es tan obscuro, ambiguo, melancólico y poético como casi todo el relato. Muchas posibilidades quedan abiertas en este final borroso y enigmático como toda la historia de Ana.
      En resumen, El Huésped de Guadalupe Nettel es una novela posmodernista pues expresa, tanto en su contenido como en su estructura narrativa y en su lenguaje, los rasgos típicos de ese tipo de literatura. Es sobre todo, un texto plural y abierto que invita a varias lecturas pues posee zonas de silencio y códigos soterrados que deben ser descifrados de la misma manera que la protagonista lo hizo durante años con el misterioso tatuaje en el brazo de su hermano Diego. Todos los elementos del texto tienen unidad y coherencia y se apoyan unos a los otros. En especial los símbolos, las metáforas y las imágenes del lenguaje conceden visualidad y lirismo a la narración. El tono melancólico y pesimista se compensa con el uso de la ironía y el sarcasmo lo cual crea el efecto de desfamiliriazación haciendo al lector reflexionar sobre la falsedad e hipocresía de los estereotipos sociales y la simulación. El Huésped es un texto audaz, creativo y original. Es un relato de estos tiempos para lectores de estos tiempos que nos hace mirar críticamente hacia adentro y hacia afuera. Es, sin dudas, una contribución valiosa a la literatura Latinoamericana.



Trabajos Citados
Barthes, Roland. S/Z. Preface by Howard, Richard. Translated by Miller, Richard. Paris, 1973. Libro en línea. Disponible en http://vogmae.net.au/intmedia/pubs/BarthesExtract.pdf. Consultado 9 marzo 2015.
Baudillard, Jean. El otro por sí mismo. Anagrama, Barcelona, 1997. Ed. Original: L’autre par lui-même (Habilitation), Éditions Galilée, París, 1987. libro en línea. Disponible 
en http://www.medicinayarte.com/img/biblioteca_virtual_pubilica. Consultado 9 marzo 2015.
DRAE. Diccionario de la Real academia de la Lengua Española. 22a edición, 2001. Disponible en línea en http://lema.rae.es/drae/. Consultado 5 mayo 2015.
González, Carina. Degeneración e identidad: Guadalupe Nettel y la novela de crecimiento como Bildung político.Revista de Literatura Mexicana Contemporánea. (2012 Apr-June): 
21-32.Texto completo. Disponible en línea en 18(53), 21-32. http://ezproxy.li brary.unlv.edu/login?url=http://search.proq. Consultado 9 marzo 2015. 
Brian McHale. What was postmodernism? 2007. Libro electrónico en línea. Disponible en
Consultado 30 abril 2015.
Nextel, Guadalupe. El Huésped. Edit. Anagrama, S. A. Barcelona, 2006. Impreso.
Ortega, Julio.  El principio radical de lo nuevo. Postmodernidad, identidad y novela en América Latina. Lima: Fondo de cultura económica,1997. Impreso.
Selden, Raman, Widdowson, Peter. A Reader’s Guide to Contemporary Literary Theory..
Third Edition.The University Press of Kentucky, 1993. Impreso.
Smith, Verity. Edit. by Verity Smith. Concise Encyclopedia of Latin American Literatura. 
Fitzroy Dearborn, 1997. Publishers. USA, 2000. Disponible in línea en www.booksgoogle.com. Consultado 4 de mayo 2015.



Biutiful Vs. Beautiful

por Olga L. Miranda






      Biutiful (2010) es el título de un largometraje mexicano-español dirigido y escrito por Alejandro González Iñárritu. La cinta, de más de dos horas de duración, fue rodada en Barcelona y también allí se desarrolla la historia. Javier Bardem (como Uxbal) es el protagonista, quién estuvo acompañado en el reparto por Maricel Álvarez (Marambra, la exesposa) y Eduard Fernández (Tito, el hermano), entre otros.
      La trama argumental del filme esta basada en la historia personal de Uxbal, quien es un hombre todavía joven, de unos 40 años, que vive de hacer negocios en el mercado negro con inmigrantes ilegales. Está divorciado de una mujer alcohólica y bipolar con la cual tiene dos hijos, Ana y Mateo. El quiere sacar adelante a los chicos por sí mismo, pero las cosas se complican fatalmente para él. Uxbal ha recibido un diagnóstico de cáncer de próstata y su muerte es inminente. Entonces, el empieza a plantearse problemas existenciales acerca de como vivir los últimos días de su vida de manera que sus hijos no queden abandonados ni desprotegidos tras su muerte. 
      La historia se desarrolla de manera cronológica aunque la película comienza por el final. Es decir, que la primera y la última escena se superponen haciendo que el tiempo sea circular. Esto crea interés por conocer el desenvolvimiento de los acontecimientos y, a la misma vez,  marca la historia con un tono trágico dede el inicio. Uxbal está acostado en la cama con su hija, sólo se pueden ver las manos de ambos; él le cuenta a ella de un anillo que fue de sus padres, sus voces son susurros, la de el es más débil y quebrada, la atmósfera es oscura y melancólica. Sin embargo, la conversación entre padre e hija transmite ternura, intimidad, amor. Uxbal habla de muerte y orfandad. Se le escucha narrar a su hija el drama de su niñez, pero no hay amargura ni rencor en sus palabras. Cuenta que no conoció a su padre porque este huyó de España muy joven cuando su madre estaba embarazada de él, y ella murió más tarde. El le entrega el  anillo a Ana, le dice que fue de su madre y ahora será de ella, lo cual hace pensar en una despedida, en un adiós definitivo. La niña coloca el anillo en su dedo, dice que es muy bonito; a los pocos minutos se le escucha llamar a su padre varias veces y este ya no contesta. Todo indica que algo terrible sucedió. Esta escena es de una gran sencillez y naturalidad, pero tiene fuerza dramática y emotiva. Acto seguido se pasa a otra escena donde aparece Uxbal solo en un lugar frío, desolado e irreal, pero, a diferencia de la primera escena, aquí hay mucha blancura y claridad. En medio de un bosque nevado y ventoso se escuchan unos disparos, se ve una lechuza muerta sobre el suelo y, de pronto, aparece un hombre muy joven con quién Uxbal sostiene un diálogo aparentemente absurdo, pero cálido y cercano. Al final, los dos se marchan, pero no se ve adonde, ambos salen fuera del foco de la cámara. Mas tarde, se sabe que este hombre es el padre de Uxbal. La primera escena deja una sospecha, la segunda crea confusión, pero ambas son de gran belleza y sensibilidad estética. 
      Desde el inicio el espectador presiente la tragedia, pero también la franqueza y el dolor del personaje; queda claro, desde los primeras imágenes, que no habrá embellecimiento ni artificio. La vida estará allí en sus formas mas descarnadas. No se verá la beautiful, sino su torcedura, su error, su deformidad, la biutiful.  Es el momento de decidir si levantarse de la butaca y escapar de la tragedia de Uxbal, o acompañar a este hombre, destrozado por la cruda realidad de su vida, hasta el final del viaje. Parece que el director quiso decir, no te prometo nada bonito, si me acompañas conocerás la fealdad del mundo, pero a cambio tendrás la hermosa profundidad del alma de un hombre, que es bueno, a pesar de todo. De ahí el simbolismo del título de la película. El resto del filme es anecdótico. Estas dos primeras escenas encierran todo el significado esencial de la historia, el drama de la vida de Uxbal está expresado allí, en en el final de su vida, en la aceptación de su destino.  Pero es necesario ver toda la historia para entenderlo. 
      Al terminar estas dos escenas aparece el título de la película, es cuando la historia realmente comienza. La vida cotidiana del protagonista se presenta en dos planos: el social y el individual. 
      En el primer caso, su vida transcurre dentro de un mundo marginal, en la cloaca de Barcelona; ciudad que es famosa por su belleza arquitectónica, su arte, su cultura, su modernidad. Sin embargo, el paisaje urbano que se aprecia en la película es diferente. Ese plano está intencionalmente marcado por una mirada crítica desde la fotografía que llama la atención sobre esa otra Barcelona pobre, de casas apiñadas, de tugurios donde viven los inmigrantes, los africanos, los asiáticos, los pobres. En muchos momentos se ven grandes chimeneas humeantes, contaminantes, típica lámparas chinas de papel medio rotas que cuelgan mecidas por el viento. También se escucha el molesto ruido de las áreas industriales y de las construcciones y se ven altas y amenazantes grúas que parece nos van a caer encima, produciendo un efecto de desfamiliriarización con ese ambiente tosco. 
      En otras escenas se observa la brutalidad de policías que persiguen a inmigrantes ilegales que andan por las calles haciendo ventas ilícitas para sobrevivir. Estas imágenes son de un gran realismo. La cámara parece correr junto a los personajes desde tomas muy cercanas; lo cual consigue un efecto de participación emotiva con los hechos. Otras tomas son lejanas, más panorámicas, en estas se ven las caras asustadas de los turistas que parecen no entender nada.  Se sugiere la irracionalidad de toda esa violencia, su fealdad, su inutilidad. Las imágenes más impactantes de la película están relacionadas con las escenas de la muerte por asfixia de un grupo inmigrantes chinos que trabajan por un salario mísero y son explotados por otros chinos sin escrúpulos. Este hecho, aunque fue un accidente, es culpa de Uxbal quien, irónicamente, fue quien compró un calentador defectuoso para que no pasarán frío. Este es un momento de clímax dramático donde el destino trágico de Uxbal es ya irreversible, sus sufrimiento es casi insoportable. En otra escena se ven los cuerpos de los asiáticos hinchados por la muerte flotando en el mar, otros tirados sobre las arenas de una playa. De fondo vemos un sol naciente casi romántico, las suaves olas del mar balancean los cuerpos, altos edificios de la bella Barcelona se ven a lo lejos como pintados con un luminosidad suave y dorada. El contraste es notable, intencional, sugerente. La moderna urbe está ajena al terrible drama humano que se vive a pocos pasos de su centro.  
      En el plano individual Uxbal se presenta como una especie de héroe marginal moderno con su andar solitario y casi quijotesco por las calles de una Barcelona que lo ignora. Pero en este caso, la locura no está en él, sino en un realidad caótica, irracional y cruel que lo aplasta. Las tomas de cámaras en close up nos hacen casi palpar el sufrimiento de este hombre, su dolor interno, su desesperación. Su rostro siempre sudado y su ropa desaliñada nos llevan a buscar su belleza más adentro y no en su apariencia externa. La oscuridad de estas tomas lo muestran como un animal acosado, pero, al mismo tiempo, muestran el conflicto interno de un hombre que no ve la luz en el camino, que lucha pero no encuentra salida. 
      Sin embargo, las escenas donde Uxbal está con sus hijos y su familia son de gran luminosidad, la luz invade el humilde apartamento, muestra la sobriedad con que vive y, sobre todo, expone la risa sincera del padre feliz. Es muy notable el hecho de que en las únicas escenas done el protagonista se ve feliz es cuando está sentado a la mesa comiendo con sus hijos, hablando con ellos, sirviéndoles la comida, escuchando sus historias del día. Estos momentos transmiten un gran humanismo y logran el efecto de identificación. La sensibilidad y nobleza de este hombre se ponen a prueba en otros momentos. Por ejemplo, en el diálogo con el policía Uxbal pide a este que lo ayude con su amigo africano para que no lo deporten, le dice que el tiene mujer e hijos. Este le contesta que el tiene que mantener a su familia también y afirma: “tu no eres la Madre Teresa de Calcuta”; le explica que el no pude hacer nada por salvar a esos inmigrantes. Es obvio que la imagen que tiene el policía de Uxbal es de que es un hombre bueno, que quiere ayudar a sus amigos, casi un santo. 
      Esta idea es sugerida visualmente en algunas escenas donde el protagonista exhibe cierto parecido con la imagen tradicional que se tiene de Jesucristo. Tal es el caso del momento cuando él está agachado como orando por el alma de Lili y su bebé que mueren en el trágico incidente por escape de gas en el sótano. El toca sus caras con gesto delicado que parece bendecirlos. Su cuerpo está encorvado por el dolor, ensombrecido, pero su mirada parece la de un santo. Esto también se aprecia en una escena donde el se desnuda en el baño y tiene puesto un pañal para no orinar sus pantalones pues ya la enfermedad es avanzada y sufre de incontinencia. Su cuerpo se ve flaco, su abdomen con el costillar marcado producen una asociación mental con el cuerpo de Jesús durante la crucifixión.
      El guión de la película no descuida en mostrar los contrastes entre la personalidad de Uxbal y otros personajes repugnantes y mezquinos como su propio hermano Tito. La escena del club nocturno es de un realismo punzante, las imágenes son grotescas. Aquí ocurre otro momento de climax donde el protagonista hace una catarsis y se muestra en toda su debilidad y sufrimiento. Mientras tanto, su hermano está al lado de él, pero ajeno a su tragedia, a su dolor. Tito está drogándose y disfrutando en un ambiente alienado y degradante. Hacia el final, Uxbal deja todo lo que tiene a la amiga africana con la promesa de que cuide de sus hijos. El muere al lado de Ana y ocurre el encuentro imaginario con su padre. Se repite la escena del inicio.

      Beautiful no es un película de entretenimiento, es una obra de arte que invita a reflexionar sobre el valor de nuestras vidas, sobre las cosas que son realmente importantes. El lenguaje narrativo de estilo realista y expresionista, apoya el contenido de la historia.

Arte y sublimación en Nada



Arte y sublimación en Nada
por Olga L. Miranda


“Aún no estaba segura de lo que podría calmar mejor 
aquella angustiosa sed de belleza…” 
Nada. Carmen Laforet (85)

       Nada (Barcelona,1945) de Carmen Laforet (1921-2004) es considerada una de las novelas más 
significativas de la posguerra. Sus valores literarios fueron reconocidos tempranamente al recibir, en 
1945, el primer premio Nadal. Es un relato narrado en primera persona de manera lineal y retrospectiva que sigue el modelo arquetípico del género de novela de iniciación o aprendizaje (Bildungsroman).


        Esta obra ha sido objeto de muchas y variadas interpretaciones. La edición de Nada que hemos usado para este trabajo viene acompañada de un análisis de la novela a cargo de Domingo Ródenas de Moya que incluye un resumen sobre la crítica que ha recibido la obra desde su publicación. Resulta evidente que existe consenso sobre el hecho de que la obra se enmarcó dentro de la estética del tremendismo y bajo el influjo del existencialismo, lo cual concede al relato una visualidad oscura y grotesca y un tono angustioso y de incertidumbre. Sin embargo, la presencia del arte en la historia compensa esa sordidez visual y psicológica ya que participa en la narración como una experiencia estética a través de la cual algunos personajes canalizan de manera positiva ansiedades y deseos frustrados y, también, comunican mejor sus emociones. Teniendo en cuenta, que la presencia del arte en la narración no es un decorado, sino que tiene un significado notable dentro de la sicología de los personajes, este trabajo se propone  demostrar que la necesidad de Andrea y Román de vivir experiencias artísticas es una forma de sublimación de sus deseos y frustraciones. Para lograr este objetivo se analizarán aspectos de la psicología de los personajes que se expresan en el lenguaje narrativo, tales como el uso de símbolos, las descripciones y los diálogos. 

         El concepto “sublimación” (canalización positiva de la “libido”) y otros asociados a él como: placer, deseo, inconsciente y represión de los instintos son de tradición freudiana. En particular, para este trabajo tendremos en cuenta los aportes de Carl Jung al concepto “sublimación”. Este término se asocia con otro más primario que es “libido” y que significaba para Freud  instinto sexual. Sin embargo, para Jung la “libido” no es sólo instinto sexual sino energía vital del ser humano que  condiciona su necesidad de búsqueda de placer. En esta búsqueda el ser humano encuentra obstáculos que lo pueden llevar a la represión de sus energías vitales o a descubrir oportunidades para canalizar positivamente sus deseos (que pueden ser sexuales o no). Una vía positiva de canalización de esa energía vital (libido) es la creación artística. En el libro de Roger Horrocks  Freud Revisited: Psychoanalytic Themes in the Postmodern Age  y en el artículo de Luís Sales “Reflexiones en torno al concepto de sublimación en Freud” encontramos un análisis contemporáneo de estos conceptos. Así por ejemplo, en este último el autor  explica  que: “…la sublimación sería el resultado de una cancelación de la represión, la cual abriría —por así decir— una vía alternativa, un atajo que permitiría a la pulsión arribar a su meta” ( 4 ). La sublimación es  es un concepto clave del psicoanálisis que nos permitirá analizar como algunos personajes de la novela luchan por resolver sus conflictos través de una realización positiva de sus deseos.

         R. Barthes y J. Lacan continuaron trabajando estos conceptos y desarrollaron la teoría sobre la subjetividad del lenguaje retomando los estudios de S. Freud y C. Jung sobre el papel del “inconsciente”. Ellos aplicaron este concepto al análisis crítico del texto literario (Selden, Raman & Widdowson, Peter, 1993, 139). Este ensayo asumirá esta perspectiva como marco teórico y metodológico del análisis de la obra y aplicará la tesis de que el inconsciente se manifiesta en los símbolos del lenguaje y se revela en “dramas, jokes, and art"  (Seden & Widdowson, 139).

        Nada está dividida en tres partes. El argumento de la novela está basado en los sucesos ocurridos durante un año en la vida de Andrea (1939-1940). Ella es la narradora y la protagonista del relato. Llega a Barcelona a la edad de 18 años procedente del interior con el objetivo de ingresar en la universidad. La joven viene a vivir a la casa de sus tíos maternos (Juan, Román y Angustias) quienes disfrutaron el esplendor de una familia burguesa, pero ahora están empobrecidos y devastados moral y sicológicamente. La ciudad barcelonesa padece las secuelas de la guerra civil que recién había terminado y vive el ambiente represivo del franquismo. Estas condiciones sociales se reflejan en el contexto familiar en el que Andrea se tiene que insertar. Sus dos tíos, Juan y Román, por ejemplo, tuvieron participación activa en la guerra y viven rumiando ese pasado que los marcó. El ambiente sórdido que Andrea encuentra en casa de sus parientes la impresiona negativamente desde su llegada. En lo adelante, la joven provinciana se verá involucrada en los odios y rencores de sus neuróticos familiares, hará amigos en la universidad, tendrá la primera experiencia amorosa y será testigo del suicidio del tío Román. Andrea vive diversas experiencias frustrantes y otras más felices, pero pasa la prueba de vivir independiente en una ciudad. Finalmente, se marcha a Madrid invitada por la familia de Ena, su amiga de la universidad. El hilo central de la trama viene dado por el conflicto entre Andrea y su tía Angustias quién trata de imponer una relación controladora y dominante. Andrea, por su parte, no desea confrontación con la tía autoritaria, pero defiende su libertad y quiere vivir su “aventura" en Barcelona. 

        La estructura de la novela está marcada por el hecho de que Andrea es una narradora subjetiva, esa “predisposición a transformar en belleza el contacto con el mundo” (Ródenas de Moya, 240) la califica como tal. La sensibilidad estética de Andrea contribuye a crear un relato vívido, plural, abierto y polisémico que nos permite hacer diferentes lecturas e interpretaciones del texto. Esta cualidad de Andrea como narradora guiará el análisis de la novelaLas dos manifestaciones artísticas que están más implicadas en la historia son la música y la pintura, representadas en Román, Juan y la mamá de Ena.  Concibiendo el arte en el amplio sentido de la palabra, es decir, como experiencia estética y como lenguaje que comunica emociones e ideas Andrea entraría en este concepto. El estudio se centrará solamente en Andrea y Román y en el análisis de como ellos como canalizan su búsqueda de placer a través del disfrute estético.

        Andrea tiene una relación especial con la música. Este arte significa para la joven la felicidad que vivió durante su niñez en la casa de los tíos, lo cual contrasta con su frustración al percibir el entorno deprimente que se encuentra ahora al llegar a esa misma casa. La primera referencia al arte en la novela aparece desde el inicio cuando Andrea llega y describe el entorno hagareño. Ella rememora su niñez en aquel lugar y al describir la magnificencia que tuvieron las habitaciones en el pasado recuerda y piensa: “Un piano—¿como podía faltar?—, sus lánguidos aires cubanos en el atardecer.”(20). El tono de esta expresión es exclamativa y transmite una idea da paz y armonía. Luego agrega: “Cuando yo era la única nieta pasé allí las temporadas más excitantes de mi vida infantil” (20). Ya esto nos indica que Andrea asocia su infancia feliz con la música. Al utilizar el adjetivo “excitante” está prácticamente indicando placer físico. El piano es como un símbolo para ella de alegría y felicidad. Este es un dato sobre la niñez de Andrea que informa sobre su biografía psicológica y sobre eventos que la pueden haber marcado, lo cual ofrece pistas sobre eso que Lacan llamó “chilhood memories” (50) y que la acompañarán siempre. 

         La referencia inicial al piano contrasta con otra que aparece en una descripción del lugar donde durmió la primera noche: “En la habitación que me habían destinado se veía un gran piano con las teclas al descubierto” (16). Esta imagen sugiere deseo insatisfecho ya que el piano es un objeto que se identifica con placer y al decir que esta abierto hace pensar en algo que desea ser tocado para producir placer. En este sentido es importante tener en cuenta que Andrea es huérfana, vivió en un convento por años y luego en un pueblo del interior. Se supone que ha tenido una vida de represiones y es por eso que llega a Barcelona llena de energías y deseos de disfrutar de libertad. Pero la realidad no es muy laudable. “Tenía una sensación de inseguridad frente a todo lo que allí había cambiado” (20) expresa ella la primera noche en casa de sus tíos. Aquí se aprecia un paralelismo entre pasado (niñez-felicidad) y presente (miseria moral y material) que Andrea hace notar. Ella expresa que siente miedo, lo cual es una emoción negativa que empieza a deprimirla. El piano era lo único que se conservaba en la casa que la enlazaba con un pasado feliz, pero estaba arrinconado como ella misma. 

         Andrea empieza a conocer a sus parientes y un día entra al estudio de Juan y siente placer al ver a Gloria desnuda y descubrir su belleza física. Esta es una experiencia estética que le permite penetrar la psicología de sus tíos y canalizar así sus deseos de comunicarse con ellos. Ella había conversado con Gloria, la esposa de su tío Juan y se había hecho una idea negativa de ella. Sin embargo, reconoce que le tomó simpatía desde el día en que la vio desnuda sirviendo de modelo a Juan (30). Ella expresa: “Yo, que había entrado sólo para unos segundos, me quede allí fascinada”(31). Esta escena es muy significativa si se tiene en cuenta que Andrea venía de estudiar en un colegio religioso y de vivir en un pueblo de campo, por lo tanto, no se supone que ella fuera tan liberal como se muestra en la descripción de esta experiencia. Esto muestra que la atracción y el interés de ella por el arte son intensos y la hacen superar posibles inhibiciones.

        La relación de Andrea y Román es una de las más reveladoras del relato en cuanto a la comunicación que ellos logran través de la música. Cuando Andrea narra la primera vez que visita la habitación del tío Román ella siente gran placer y una especie de seducción por él a pesar de que ya ha presenciado su conducta violenta y mezquina en su relación con su hermano Juan y con Gloria, esposa de Juan. Las descripciones son muy perceptuales debido a la visualidad y sensorialidad que transmiten. Allí todo está dispuesto para el placer parece querer decir Andrea. Ella relata que Román hacía un “café maravilloso” y “sacaba no sé de donde unas mágicas tazas, copas y licor; luego cigarrillos” (32). Reconoce que estaba “ruborizada y molesta” y que aunque no le gustaba fumar aceptó un cigarrillo porque tenían un olor exquisito. Esta mención al rubor sugiere excitación al estar en un ambiente íntimo con un hombre. Andrea describe la sensualidad del cuerpo del tío y la manera relajada de conducirse. En particular, cuando habla de sus manos se trasluce atracción sexual hacia él; ella dice: “yo miraba sus manos, morenas como su cara, llenas de vida, de corrientes nerviosas, de ligeros nudos, delgadas. Unas manos que me gustaban mucho”(33). Posteriormente, ella le pide que haga música y él saca el violín (instrumento que tiene connotaciones eróticas, pues asemeja el cuerpo desnudo de una mujer); luego ella le pregunta si también él pinta. Román contesta que sí y dice que lo hace mejor que Juan. Entonces le cuenta de su vida, dice que el ha hecho de todo, que estudió Medicina e Ingeniería pero lo dejó. Esto muestra que la vida de Román está llena de frustraciones y no se ha realizado en nada concreto. Sin embargo, él dice que pinta de afición y lo hace bien. Esta información refiere eventos importantes en la biografía de Román que muestran sus frustraciones y deseos insatisfechos de realización personal que él trata de compensar con el arte.

          Ahora bien, la parte más intensa desde el punto de vista emocional y de “sublimación” de los deseos de placer de Andrea y Román en esta escena es cuando él toca el violín y ambos se olvidan de frustraciones y diferencias logrando una complicidad. La experiencia que vive Andrea en la habitación de Román a través de la música muestra lados psicológicos diferentes de ambos. El lado sensible y más humano de Román emerge en su música. Andrea lo describe así: “En el momento en que, de pie junto a la chimenea, empezaba a pulsar el arco, yo cambiaba completamente. Desaparecían todas mis reservas, la ligera capa de hostilidad contra todos que se me había ido formando. Mi alma, extendida como mis propias manos juntas, recibía el sonido como una lluvia tierra áspera. Román me parecía un artista maravilloso y único. Iba hilando en la música una alegría tan fina que traspasaba los límites de la tristeza. La música aquella sin nombre. La música de Román que nunca más he vuelto a oír” (33-34). En esta descripción se mencionan objetos que tienen una carga simbólica como la chimenea que se asocia al fuego y a la pasión y la lluvia que también tiene connotaciones eróticas. Andrea resume la escena diciendo que Román se ve más alto mientras toca  “sólo respirando en su música”. Y concluye describiendo de nuevo lo que le hacía sentir aquella música: “el sentimiento de mi desesperación total hecha belleza, angustiosa armonía sin luz” (34). Esta descripción es casi una poesía, se aprecia el uso de metáforas que aportan gran lirismo a la narración, pero también trasluce la idea de deseo insatisfecho sobre todo al usar la palabra “desesperación”.  Andrea y Román canalizaron sus energías y su necesidad de placer y comunicación a través de la música en esta escena. Es muy significativo el hecho de que Andrea confiesa que cuando Román terminó de tocar todo volvió a ser como antes y ella se quiso ir, y lo describe así: “Inmediatamente se me cerraban las manos y el alma” (34).

         Hay otro pasaje donde Andrea y Román se encuentran de nuevo y se produce entre ellos un dialogo donde ocurre un juego de palabras con doble sentido de significado erótico. Andrea está enferma y Román entra a su cuarto a verla y ella dice que vino con el loro y con el perro, y este último “entró  también de manera impetuosa, dispuesto a lamerme la cara”. Entonces habla con Román sobre el piano, le pregunta si el ha compuesto alguna música y le dice: “Tócame eso que compusiste para el piano”. Román aparentemente captó el mensaje como deseo sexual  y le dijo: “Cuando estás enferma hablas como si dijeras las cosas con doble intención, no sé por qué”. Andrea no aclara el error, lo cual sugiere que hay una especie juego erótico verbal entre ellos. Pero de nuevo la música interviene en la solución de este latente conflicto de deseos y necesidad de satisfacción y búsqueda de placer. Román toca el piano aunque dice que está desafinado y dice que mejor le “toca” la canción de Xochipilli. Él se refiere a una escultura que él mismo fabricó, lo cual indica que Román también tiene habilidades para ese arte. Lo más llamativo aquí es que la estatuilla representa a un Dios, según confiesa Román es “el dios de los juegos y de las flores de los aztecas (…) este dios recibía ofrendas de corazones humanos…Yo, muchos siglos más tarde, en un rapto de entusiasmo por él compuse un poco de música. El pobre Xochipilli está en decadencia, como verás” (43). 

          Este diálogo es demostrativo de la “sublimación” en su variante fetichista. Es bueno aclarar aquí que en 1927 en su artículo Fetichismo Freud explica el fenómeno del “fetichismo” concibiéndolo como una forma de “sublimación” de naturaleza perversa, pero estudios actuales lo ven como una forma positiva de canalización del deseo y los instintos. Luis Sales en su ensayo “Reflexiones en torno al concepto de sublimación en Freud” aborda ampliamente este tema.
La obra de arte —y en esto cumple idéntica función que el fetiche y el juego infantil— está al servicio de Eros, es pulsión de vida que liga y objetaliza, crea una ligazón de complicidad entre el artista y su público, que de alguna manera la hace suya (o al menos esa es la intención del creador). En este sentido, y cualquiera sea la biografía privada del artista que la genera, y cualesquiera sean las condiciones que acompañan el proceso creador, la obra de arte funciona como defensa contra la pulsión de muerte (10).

         Es decir, que el diálogo entre Andrea y Román está cargado de simbolismo en relación a sus deseos y frustraciones. Román habla de “decadencia” denotando infelicidad y frustración. Sin embargo, el arte interviene positivamente facilitando complicidad y comunicación cuando Román toca el piano. Esa noche Andrea tuvo un episodio onírico en el que vio a Juan convertido en Xochipilli y a Román abrazando a Gloria en un campo con lirios morados (los lirios son símbolo de seducción). Y al despertar tuvo la idea de que había descubierto un secreto. En realidad en la inconsciencia del sueño ella visualizó la fatal atracción entre Román y Gloria. Esto indica frustración en ambos a causa de deseos sexuales reprimidos y es la causa del odio entre Juan y Román que Andrea ha percibido en las peleas entre ellos.

        Entre Andrea y Román se produce un diálogo que está cargado de simbolismo y es por ello muy revelador del vínculo entre ellos través del arte. Ellos conversan sobre una estatuilla que representa al dios azteca Xochipilli. Una noche en que Román, según Andrea, estaba “desesperado” y “trastornado” le pidió que subiera pues necesitaba hablar con ella. Él tuvo una catarsis, “se reía como un loco” y le dijo: “¿No te he contado la historia del dios Xochipili, mi pequeño idolillo acostumbrado a recibir corazones humanos? Algún día se cansará de mis débiles ofrendas de música y entonces…” (68). Parece bastante razonable pensar que Xochipilli simboliza los deseos sexuales reprimidos de Román que ya no se canalizan a través de la música. Román está anticipando su muerte porque ya la “sublimación” de sus deseos no se logra. Después Román agrega: “…entonces le ofreceré Juan a Xochipilli, le ofreceré el cerebro de Juan y el corazón de Gloria”(68). Es bueno recordar aquí que Román confiesa tener en su buhardilla la pintura que le hizo a Gloria durante los días que pasaron en un castillo durante la guerra y el la pintó en un “campo con lirios morados”. Este puede ser otro fetiche que el conserva como recuerdo de su aventura amorosa con Gloria. Al final de esta escena, la apariencia de locura de Román asusta a Andrea que huye corriendo de la buhardilla del tío. Según lo que ha confesado Román parece quedar claro que existe un triángulo pasional entre él, Juan y Gloria. Esta sub trama se soluciona al final con el trágico suicidio de Román. Todo este conflicto sugiere que al dejar de funcionar la “sublimación” la muerte se presenta como única salida ante la imposibilidad de canalizar los deseos que se manifiestan entonces en neurosis, depresión, obsesiones, fobias u otras patologías.

          Después de esta conversación ocurre una ruptura entre Andrea y Román y viene una etapa de soledad y tristeza de Andrea que ella canaliza a través del arte, pero en este caso ella se dedica a pasear por la ciudad y disfrutar de la belleza arquitectónica de los edificios y las catedrales góticas. Por ejemplo, la descripción que ella ofrece de su visita nocturna a la catedral es de inspiración poética, se aprecia el uso de metáforas y sinestesias cuando expresa: “Al llegar al ábside de la Catedral me fijé en el baile de luces que hacían los faroles contra los mil rincones, volviéndose románticos y tenebrosos”(86) Y luego describe con gran emoción el inmenso placer y felicidad que provocaba en ella aquella visión: “Una fuerza más grande que la que el vino y la música habían puesto en mí, me vino al mirar el gran corro de sombras de piedra fervorosa. La Catedral se levantaba en una armonía severa, estilizada en formas casi vegetales, hasta la altura del limpio cielo mediterráneo. Una paz, una imponente claridad, se derramaba de la arquitectura maravillosa”(87). Es muy claro que el disfrute estético produce en Andrea un inmenso placer espiritual que ella lo compara hasta con placer físico pues usa el símil de “la embriaguez del vino”. 

         La pasión de Andrea por el arte sugiere necesidad de placer y de comunicación y sus deseos insatisfechos de amor y de liberación de todo aquel ambiente asfixiante en que ella vivía. Es muy remarcado en la novela el hecho de que en muchos momentos cuando Andrea siente ansiedad o está deprimida recurre al arte para calmar su desasosiego y llenar su vacío existencial. Por ejemplo, en varias ocasiones se va a recorrer la ciudad y disfrutar de la armonía de su arquitectura como una auténtica flaneur. La cita que encabeza este ensayo es un buen ejemplo del tipo de relación que Andrea tiene con el arte. Es una pasión que nace dentro de ella, es un deseo que brota de su cuerpo y de su espíritu, es, sobre todo, una necesidad de afecto y placer que ella sofoca y canaliza a través del disfrute estético. 

         El tema de la necesidad de “sublimación” en la protagonista de Nada ha sido notado con anterioridad por Ródenas de Moya. Pero este crítico relaciona la “sublimación” con una necesidad de satisfacción sexual que se proyecta a través de fantasías eróticas. Esta idea la encontramos cuando él explica que la falta de madurez de Andrea no le permite juzgar lo que pasa, por eso se limita a “registrar lo ocurrido” y pone como ejemplo cuando ella describe “la sublimación del propio deseo sexual en el noviazgo de Ena y Jaime” (229). Es decir, este autor reduce la sublimación a lo sexual, lo que no le permite ver más complejidad psicológica en la protagonista al obviar la necesidad de Andrea de canalizar sus energías creativas hacia el logro del placer estético como una forma de “sublimación” que no es sólo sexual. 

        La atracción de Andrea por el arte se manifiesta también en su relación con otros personajes como es el caso del grupo de pintores bohemios en cuya buhardilla ella confiesa sentirse cómoda (una vez más ella reconoce sentirse bien dentro del ambiente del arte); pero, sobre todo, en su relación con la madre de su amiga Ena. Ella describe su fascinación cuando recuerda la primera vez que la escuchó cantar y tocar el piano: 
"Me corrió un estremecimiento al recordar aquella voz ardorosa que al salir parecía quemar y envolver en resplandores el cuerpo desmedrado de su dueña. Aquella voz había despertado todos los pozos de sentimentalismo y de desbocado romanticismo de mis dieciocho años. Desde que ella había callado yo estuve inquieta, con ganas de escapar a todo lo demás que me rodeaba. Me parecía imposible que los otros siguieran fumando y comiendo golosinas" (85). Una vez más se nota la alegría de Andrea, pero también la extrema ansiedad y excitación que provoca la música en ella. Estos estados emotivos pueden ser psicológicamente negativos en su manifestación aguda. No es descaminado pensar que las experiencias positivas de Andrea durante su niñez vinculadas a la música y al piano se asocian con sus padres y sus tíos felices, pero también con pérdida, ausencia y muerte, pues, sus padres fallecieron y su familia esta en proceso de destrucción. Emociones tan contradictorias pueden crear un estado de ansiedad causante de depresión o neurosis sino encuentra salida través de algún tipo de “sublimación”. No es casual entonces que el estado emocional de Andrea sea casi siempre depresivo y escapista y lo expresa con mucha frecuencia en el relato al decir que tiene deseos de llorar y de huir. Es muy significativo el hecho de que, después de escuchar a la mamá de Ena tocar el piano, ella tiene “ganas de escapar”, esa es una reacción que no parece muy racional, pues ella debería sentirse bien allí. La explicación a esta conducta desde el psicoanálisis sería que Ana en realidad quiere escapar hacia su niñez feliz,  hacia el afecto de su madre que la madre de Ena le debe recordar. Ella quiere volver a todo lo que ella tuvo y ya no tiene. No es por gusto que al inicio del relato, lo primero que hace Andrea el día que llega a casa de los tíos es recordar su niñez feliz en ese lugar, pero muy pronto esas memorias se empiezan a despedazar. La destrucción de la casa de “la calle de Aribau” es también la destrucción de su pasado, de su niñez, de sus memorias de felicidad. Por eso Andrea necesita desesperadamente el arte como defensa contra esa sensación de pérdida del pasado y también como una manera de recuperarlo y reconstruirlo.

         En conclusión, la novela Nada de Carmen Laforet no es sólo una cuadro pictórico de la Barcelona de la posguerra es, además, un cuadro del complejo mundo psicológico de algunos personajes perseguidos por fantasmas del pasado y miserias del presente, y de sus luchas por superar sus traumas y neurosis de diferentes maneras. El arte como creación, como placer estético y como lenguaje para comunicar emociones y sentimientos es una forma de “sublimación” que ayuda a Andrea y a Román a canalizar sus frustraciones y ansiedades. El lenguaje narrativo del texto, dominado por la subjetividad y la sensibilidad estética, permite penetrar en el mundo interno emotivo y espiritual de los personajes y revelar sus debilidades y pasiones. Nada es una novela sobre las miserias y las grandezas del alma humana.




Trabajos citados
Barthes, Rolland. S/Z. Blackwell Publishing Ltd.  United Kingdom 1990. BarthesExtract.pdf.
Horrocks, Roger. Freud Revisited: Psychoanalytic Themes in the Postmodern Age. Contributors: Palgrave. New York. 2001. www.questia.com.
Lacan, Jacques. Écrits. A Selection. The first selection in English from the work of Europe’s major freudian psychoanalyst.. Tavistock Publications Limited. USA, 1977. Print.
Laforet, Carmen. Nada. Edición crítica de Ediciones Destino, S.A. Barcelona, 2001. Print.
Ródenas de Moya, Domingo. Nada. Noticia de Carmen Laforet y “Nada”. Edición crítica de Ediciones Destino, S.A. Barcelona, 2001. Print.
Sales, Luis. Reflexiones en torno al concepto de sublimación en Freud. Barcelona, 2009.  https://books.google.com/
Selden, Raman & Widdowson, Peter.  A Reader’s Guide to Contemporary Literary Theory.Third Edition. The University Press of Kentucky, Lexinton, Kentucky, 1993. Print. 
























































































































































Tuesday, March 10, 2015

Poema a Borges

Poema a Borges.

Yo podría haber amado a este hombre sin ojos, 
sin el don de la vista, 
impedido de la lectura 
y del placer de percibir 
el amarillo único de un atardecer en Buenos Aires,
pero con la virtud de ver 
aquello que la mayoría de los mortales videntes
no alcanzamos ni a sospechar. 

Yo podía haber sido su lazarillo, su perro manso, su bastón, 
su cicerone noche y día,
con tal que él, de vez en cuando, 
me susurrara al oído sus visiones,
sus crepúsculos interiores, 
o me describiera el amarillo y el negro de sus sueños. 
Habría sido feliz con ser 
la del cabello rubio
que todavía ansiaron sus manos.


Olga L. Miranda

Friday, February 27, 2015

Soledad (cuento)



Olga L. Miranda


Soledad llevaba varios días sin salir de su apartamento. Era otro domingo de un marzo taciturno que avanzaba lento e intrascendente y ella trataba de adelantar, sin mucho éxito,  en la lectura de su libro favorito del momento. No podía concentrarse en lo que leía, sus pensamientos la llevaban muy lejos. Recordaba, con tristeza, su ultimo viaje a la Isla cuando sus dos amigas de la adolescencia, sumidas en la pobreza, le hablaron de desilusión y depresiones temporales, ¿que podría hacer ella para ayudarlas? Mandarles dinero aliviaría, pero sus problemas eran mas hondos. Aunque, al menos, ellas estaban en su hábitat, dentro de su cultura, tenían su nicho de toda la vida, y eso era una ventaja. Ella, sin embargo, se consumía en la adaptación a un mundo extraño con el que no lograba conectar. No tenia muchos amigos y sus escasos parientes estaban lejos. “Ya no soy de aquí, ni de allá”, pensaba con amargura.

Soledad sintió que estaba deprimida, necesitaba salir, hablar con alguien, escuchar el ruido de la calle y de la gente. Ahora mismo deseaba estar caminado sobre la hierba húmeda y respirando el olor a tierra mojada que dejan los aguaceros en las mágicas islas del Caribe, o nadando en una de aquellas playas divinas de su maltrecho “caimán verde”. Soledad dio una ojeada a su alrededor con desgano y comprobó que su apartamento era un desorden total. Entonces se levantó de la silla, se dirigió hacia la ventana que había permanecido cerrada por semanas y la abrió de par en par con determinación. 

Inmediatamente, la habitación se inundó de suaves rayos de sol de tono anaranjado. “Es la hora dorada”, pensó Soledad. Y enseguida percibió con placer que esa luz la energizaba, cerró los ojos y disfrutó de esa agradable sensación por unos minutos. Miró de nuevo hacia la habitación y sus ojos se detuvieron en los cuadros que estaban sobre la pared justo frente a la ventana. Le pareció ver a las chicas de Modigliani riéndose  y al Arlequín de Picasso saltar del óleo haciendo piruetas. El cactus, casi marchito, se irguió agradecido. Las gatas saltaron del viejo sofá al ventanal enfilando sus hocicos húmedos en dirección a la brisa que comenzaba a colarse a rachas en la sala. Ahora el apartamento lucía menos ruinoso. Había libros esparcidos por doquier, tazas de té medio vacías sobre las mesitas, juguetes de las traviesas felinas regados por el suelo y unas flores desmayadas sobre el jarrón indio. Pero, el efecto de la luz del crepúsculo dotaba a la escena de un equilibrio apacible. Los objetos se agrupaban ahora en una visión que, de conjunto, transmitía una belleza inusitada. Soledad pensó: "Es la armonía del caos. Tal vez sea una buena señal."

En aquel momento Soledad recordó que hacía poco había chateado un par de veces con un muchacho, Sergio era su nombre. Este la había invitado a salir, pero ella no había aceptado porque era un extraño y eso le daba temor. Sin embargo, ahora decidió llamarlo y proponerle dar un paseo juntos. “No todos los internautas amistosos y desconocidos tienen que ser psicópatas. Tal vez el encuentro con este muchacho sea una experiencia positiva, el inicio de una buena amistad… ¿quién sabe?”. Soledad pensaba todo esto mientras tarareaba una vieja canción que gustaba mucho a su madre: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar…”



Mientras Soledad esperaba a Sergio a la entrada de un cine observó a varias parejas de enamorados que abandonaban el lugar abrazados y sintió celos de la felicidad que aparentaban. En esos devaneos andaba Soledad cuando apareció Sergio. Enseguida él la invitó a entrar al cine a ver una película. Ella le dijo que prefería caminar un rato. Soledad no deseaba estar en ningún lugar cerrado, ni tampoco propiciar mucha intimidad. Además, a ella le encantaba deambular por aquel lado de la ciudad con anchas aceras bordeadas por árboles frondosos que sombrean el paseo y parecían escoltar al caminante con noble gallardía. 

El diálogo con Sergio no era muy interesante, el entusiasmo de los primeros momentos empezó a languidecer a la media hora. Pero Soledad percibía que había algo atractivo en Sergio que no podía explicar. El parecía interesado en caer bien a toda costa y se afanaba por avivar la conversación interrogando a Soledad sobre gustos y disgustos. En un momento se detuvo y dijo:

—Estamos cerca de mi casa, tengo un buen vino y también algo de picar. Te invito a que me vengas y así podemos hablar mas cómodos, y además tomar un descanso, hemos dado una larga caminata. ¿Vienes?.

Soledad no pudo negarse, no encontró ninguna excusa plausible. Ya ella había comentado anteriormente que le gustaba el vino y que estaba un poco cansada. “Siempre soy tan extrovertida y digo lo que no me conviene”, pensó con cierta contrariedad. Sergio la había tomado por sorpresa. No le quedo más opción que aceptar  la invitación. No obstante, ella puso una condición. 

—Esta bien iré a tu casa. Pero no estaré mucho rato. Debo regresar temprano, dijo Soledad con actitud irrenunciable.

Ya dentro de la casa del muchacho Soledad se sintió relajada y le gustó el olor que había allí, era olor a hombre. El lugar era acogedor y se respiraba una atmósfera agradable, aunque había cierto desaliño y rudeza en el ambiente. Soledad experimentó una rara emoción de curiosidad y satisfacción a la vez, al percatarse de que se encontraba en el espacio privado de un hombre que vivía  solo. Ella se distrajo unos minutos mirando unas sables japoneses que decoraban una de las paredes de la sala. Sergio se dio cuenta y no perdió la oportunidad de intentar cautivarla contándole la historia de los sables. Soledad empezó a escucharlo con interés, pero de repente dejó de atender a lo que Sergio le estaba diciendo. Eran las manos de Sergio lo que en realidad empezaba a cautivarla. Observó que eran unas manos de hombre hermosas, varoniles, trabajadoras, de color cetrino como su cara. Los dedos eran fuertes y ágiles pero, sobre todo, diestros en acompañar las palabras. Definitivamente había una natural sensualidad e inteligencia en aquellas manos. Tal vez Sergio ni lo sospechaba, y ella claro no se lo iba a decir.   

Soledad ya no podía concentrarse en lo que Sergio le narraba con gran entusiasmo sobre los sables japoneses. A su mente solo acudían imágenes de las manos de Sergio acariciando su espalda o tocando su cara.  Ideas eróticas  comenzaron a agolparse unas tras otras en su mente; la manos de Sergio se hacían mas y mas  grandes e insoportables, ya la abarcaban toda, la dejaban sin aliento. Soledad sentía que todo se volvía borroso, no podía pensar con claridad. 

Soledad se repuso y trató de mantener cierta distancia de Sergio evitando cualquier contacto físico. Aprovechó un momento en que él fue a buscar la botella de vino a la cocina y se cambio del sofá, donde habían estado sentados antes, a la butaca. Presentía que no podría resistir mucho tiempo la proximidad de Sergio. Pero, esa voz interna que nos contradice cuando menos lo necesitamos murmuraba a Soledad: “no lo podrás evitar, ese encuentro será inevitable porque lo deseas.” Ella trataba de ignorar esa provocación de su otra conciencia y, seguir adelante con su plan de mantener todo bajo control. En realidad no sabia bien quién era este muchacho. Por lo tanto no debía dejarse llevar por sus instintos.

Sergio regresó a la sala y mostró sorpresa al ver a Soledad en la butaca, pero, sin hacer comentario alguno, sirvió vino en ambas copas con lentitud. Soledad captó al instante la expresión de molestia en la cara de Sergio. Entonces, ella buscó un nuevo tema de conversación para distraer la atención y evitar alguna pregunta incómoda. Mencionó que el vino estaba exquisito y preguntó dónde lo había comprado. Sergio no desaprovechó la oportunidad de recuperar el terreno perdido, tomó la botella y, con el pretexto de mostrarle lo que decía en la etiqueta acerca de la procedencia y añejamiento del vino, se sentó en el brazo de la butaca, muy cerca de ella. Soledad sintió que la proximidad de las manos de Sergio  a su cara le empezaban a provocar vértigo…le entraron ganas de llorar, de gritar, de salir corriendo. 

Pero, era tarde, Soledad estaba atrapada en aquel extraño encuentro. Todo su ser entraría, a partir de ahora, en otra dimensión del espacio y del tiempo donde la razón no cuenta. 

Temblaba su mano cuando rozó la de él en un gesto accidental, sintió la piel ligeramente áspera allí donde la vida maltrata, pero tibia, firme, osada. Como por instinto, ella trató de rehuir la extraña sensación de agrado y complicidad con aquella mano viril y agitada; mas, los dedos fuertes y seguros de él secuestraron a los suyos, pálidos, fríos, confusos…Se inicio un juego desesperado de palmas que se funden con torpeza deseada. En un abrir y cerrar de sus ojos aquel turbión había crecido como ola en mar revuelto. La mano tibia y firme se hizo voraz; los dedos se tornaron guerreros dispuestos a ocupar más territorio y recorrieron con ternura y desorden esquinas olvidadas y senderos perdidos. Sus manos, ahora febriles, rogaron a las de él complacientes, regar sus flores, rebosar todas las fuentes, inundar todos los ríos. Su diestra, ya sin temblores ni dudas, rodó desbocada cuesta abajo prodigando placeres hasta en el alma....entonces, sin pensar, ella pidió, suplicó que la amara. Súbitamente, las manos de él se volvieron raras, se crisparon, se pusieron tensas y lejanas, y avanzaron lentamente al centro de sus dolores…se detuvieron un momento a comprobar que su corazón aún se desbordaba y acariciaron su cuello de venas inflamadas. Luego, siguieron indiferentes rumbo norte hasta aferrarse tenaces a su garganta. Aquellas manos viriles ahogaron su voz, cortaron de cuajo su respiración y sus ansias; finalmente… las manos de ella se rindieron, copiaron el rictus fatal de la boca, volvieron a ser pálidas y quedaron inertes sobre las de él… y todavía febriles y enamoradas…



Soledad alzó la vista hacia la ventana y notó que la línea del horizonte se hacía difusa, del crepúsculo solo quedaba un brevísimo haz de luz sobre la carátula del libro que había dejado sobre la mesa. La habitación regresaba poco a poco a las penumbras. Las chicas de Modigliani y el Arlequín de Picasso retornaban a su melancolía habitual. Las gatas dormitaban con mágico equilibrio sobre el estrecho respaldar del viejo sofá. A lo lejos, se escuchaba la melodía envolvente de un jazz cincuentero … era Billy Holliday que entonaba por tercera vez su desgarrador “Gloomy Sunday”. Soledad cerró la ventana con un golpe seco, pero todavía siguió escuchando una estrofa de la nostálgica balada: “My hours are slumberless dearest, the shadows I live with are numberless…



























Saturday, February 21, 2015

La Habana: una ciudad mítica hecha de mar



por Olga Miranda

En 1599, el rey de España Felipe II concede a la Habana el titulo de ciudad, y en 1665 fue aprobado por la reina Mariana de Austria su escudo representativo, en el centro del cual figuraba un llavín de oro que simbolizaba su carácter de “Llave del Nuevo Mundo”. Desde entonces, La Habana, la capital de la Isla mayor de las Antillas, ha sido un universo mítico signado por la belleza e inconstancia del mar, adonde han llegado toda clase de conquistadores y libertadores decididos a poseerla. Esta urbe, barroca, romántica, moderna, mestiza, hispana y americana ha sido imaginada, deseada, liberada y sometida infinitud de veces por diferentes actores de la historia a lo largo de cinco siglos. Fue conquistada primero por España, saqueada después por piratas, y hasta tomada por los ingleses en 1762.  Hoy, la Habana es todavía el mito de miles de cubanos que abandonaron su metrópoli hace muchas décadas y viven añorando regresar algún día a una ciudad que ya no existe.

La capital de Cuba, “la ciudad de las columnas”, -como la bautizo Alejo Carpentier- , es y será una ciudad soñada, codiciada y amada porque, ademas de su fascinante historia y de su riquísima cultura, es una urbe bellísima cuyo signo distintivo es el mar. El mar otorga a la Habana su color, su olor, sus sonidos y su sabor. Es una ciudad sobre un "caimán verde" que parece flotar sobre el majestuoso mar Caribe. Las aguas azules y cálidas de este mar, -que van desde el turquesa de sus playas hasta el mas negruzco en las bahías-, otorgan a la Habana la categoría de ciudad blanca-azul. El paisaje habanero, de tono blanquecino y soleado tiene, como marco natural, la espuma blanca de las olas que bañan la costas y el azul infinito del océano Atlántico. La brisa del mar, el sol del trópico, los vientos alisios y los huracanes perfuman a la ciudad con olor a salitre, a marina, y también traen nostálgicas pestilencias del puerto. En noches de mar revuelto toda la ciudad ruge, y por el día solo se escucha la gritería de vecinos que olvidaron el murmullo de los días de mar en calma. El sabor de la ciudad es la alegría y la hospitalidad de sus gentes que viven, sienten y, sobre todo, parecen bailar y cantar al ritmo del oleaje de sus playas, sin dejar de soñar con una Habana que tal vez si existe.
























Friday, February 13, 2015

Amor a manos llenas

Amor a manos llenas 
por Olga L. Miranda



Temblaba mi mano cuando rozo la suya en un gesto accidental,…sentí la piel ligeramente áspera y callosa allí donde la vida maltrata, pero tibia, firme, osada. Como por instinto, traté de rehuir la extraña sensación de agrado y complicidad con aquella mano viril y agitada, mas sus dedos fuertes y seguros secuestraron a los míos, pálidos, fríos, confusos…,se inicio un juego desesperado de palmas que se funden y muñecas que chocan con torpeza deseada. En un abrir y cerrar de mis ojos aquel turbión había crecido como ola en mar revuelto. La mano tibia y firme se hizo voraz; los dedos se tornaron guerreros dispuestos a ocupar mas territorio y recorrieron con ternura y desorden esquinas olvidadas y senderos perdidos en los mapas. Mis manos ahora febriles rogaron a las suyas complacientes regar mis flores, rebosar todas las fuentes, inundar todos los ríos. Mi diestra, ya sin temblores ni confusiones, rodó desbocada cuesta abajo prodigando placeres hasta en el alma....entonces, sin pensar, pedí, rogué que me amaran. Súbitamente, sus manos se volvieron raras, se crisparon, se pusieron tensas y lejanas, sin saber por qué avanzaron lentamente al centro de mis dolores, se detuvieron un momento a comprobar que mi corazón aun se desbordaba y acariciaron mi cuello de venas inflamadas. Luego, indiferentes, siguieron rumbo norte hasta lograr aferrarse tenaces a mi garganta...aquellos dedos fuertes y seguros ahogaron mi voz, cortaron de cuajo mi respiración y mis ansias; finalmente... mis manos asustadas se rindieron, copiaron el rictus fatal de mi boca, volvieron a ser pálidas, y quedaron inertes, sobre las suyas, y enamoradas.













Memorias del subdesarrollo: ¿dónde está Teresa?

 Memorias del subdesarrollo: ¿dónde está Teresa? By Olga L Miranda Los debates  en Facebook unas veces son intensos y emocionales, otras son...